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La
ciudad fue la primera colonia romana de la región y su período de
esplendor llegó hacia el 200 DC. cuando Augusta Raurica se convirtió
en un centro comercial de importancia con entre 10.000 y 20.000
habitantes. El centro de la ciudad era la plaza del mercado (el foro)
con el templo de Júpiter y el ayuntamiento (la curia). Los centros
lúdicos de la época eran, por supuesto, el teatro y los tres baños
públicos. Augusta Raurica estuvo llena de vida y actividad hasta
finales del siglo III cuando la ciudad fue destruida por las numerosas
incursiones y los saqueos de los alemanes. Aún así, hoy quedan muchos
restos arqueológicos y excavaciones de interés. En total, en la zona
de Augst y Kaiseraugst hay 18 monumentos romanos para contemplar.
La
ciudad romana de Augusta Raurica es, con una superficie de 106
hectáreas, el yacimiento arqueológico al aire libre más grande de
Suiza. Cada año más de 140.000 visitantes se acercan a estas ruinas,
las más antiguas al norte de los Alpes. Además, los visitantes no
vienen sólo a ver las piedras milenarias. Desde hace unas décadas a
esta parte se celebran aquí también conciertos al aire libre, juegos
de máscaras ancestrales y obras de teatro contemporáneas. Otro evento
muy recomendable es la fiesta romana que suele celebrarse a finales de
agosto. En esas fechas Augusta Raurica hace un salto en el tiempo y se
convierte otra vez en una ciudad romana con luchas de gladiadores,
danzas de la época, talleres artesanales y souvenirs de todo tipo.
Esta
ciudad arqueológica, que también se puede considerar un gran mueso, no
sólo ofrece información pedagógica para las escuelas, también tiene
guías especializadas en varios idiomas y paneles informativos en
francés y, en parte, en inglés, para los visitantes extranjeros. Para
las familias lo más aconsejable es el parque de los animales
domésticos, el museo romano, las cloacas subterráneas y el local donde
se cocía el pan, que se ha reconstruido fiel a los modelos antiguos.
Incluso
en días lluviosos como los de ahora se encuentra a gente muy simpática
por las ruinas: "Mi mujer y yo siempre veíamos el letrero de esta
ciudad histórica en la carretera y siempre quisimos visitarla. Lo más
emocionante son los yacimientos y como se llegan a fundir los restos del
pasado con el mundo del presente. Por supuesto que voy a recomendar
Augusta Raurica en el futuro. Además, ¡no creo que sea la última vez
que vengamos!", así de emocionado se me mostró un señor mayor de
la zona de la Selva Negra que estaba de excursión con su mujer y sus
dos nietas.
Los
más jóvenes también se sienten atraídos por la magia de los romanos:
un niño pequeño me explica con ojos vidriosos como luchaban aquí los
romanos contra los leones y otros animales salvajes. "Y en aquellos
tiempos no había baños, sólo cloacas", añade su hermanita.
Después
de estar dos horas por Augusta Raurica, que pasaron volando, emprendo mi
viaje de vuelta. Las dimensiones de la influencia romana en Augst se
hacen más palpables cuando salgo de la zona arqueológica y entro de
nuevo en el mundo real. Muchos nombres de las calles nos remiten a ese
pasado romano: "Thermenstrasse" (la calle de los baños
termales), "Merkurstrasse" (la calle del mercurio), Tempelhof
(el patio del templo).
Es
impresionante ver cómo ha cambiado el mundo en tan poco tiempo
(teniendo en cuenta la historia de la tierra), pero más alucinante
todavía es ver como la investigación y la técnica de hoy nos permiten
reconstruir la vida de hace 2.000 años. Con este pensamiento me despido
de la ciudad romana: Augusta Raurica no es sólo una experiencia
interesante, también es una experiencia que te hace pensar.
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