Siguiendo los pasos de los Romanos

Augst, BL. Con más de 140.000 visitantes al año, la ciudad romana de Augusta Raurica sigue siendo, 2.000 años después de su construcción, un vivo ejemplo de lo impresionante que era la cultura romana. Allí donde antes luchaban los gladiadores y los leones se comían a los cristianos, hoy se encuentra el descubrimiento arqueológico más importante de Suiza. Augusta Raurica adentra al visitante en la cultura romana y le hace ver la importancia que tuvieron los asentamientos romanos para el desarrollo de la región de Augst.

biografia-fotos: snc/ Nena Weibel

snc español: Miguel Otero

   

Pude sentir una sensación extraña cuando pisé por primera vez las piedras milenarias de la Colonia Raurica. El formidable ambiente del pasado es aún hoy bien perceptible. Simplemente imaginar que en el mismo sitio donde estoy ahora, hace 2.000 años los romanos vivían su día a día, me hace estremecer. Lo único que cambia es que el paisaje que me rodea está impregnado por la cultura moderna. Miro hacia el teatro restaurado y puedo imaginarme como hace mucho tiempo, justo aquí gladiadores y artistas entretenían a una audiencia de cerca de 8.000 personas. Pero me doy la vuelta y puedo ver el mundo actual de la globalización y la técnica moderna. Un contraste tan grande que ya sólo por eso merece la pena venir a Augusta Raurica.

Pero la ciudad romana tiene mucho más que ofrecer: el visitante puede ver como era la vida cotidiana de los romanos y adentrarse en la cultura del Imperio, que por aquel entonces disfrutaba de uno de sus mayores apogeos, ya que controlaba los territorios del Mediterráneo, la Galia, gran parte de la Bretaña y su expansión por el Este llegaba hasta el Mar Negro. El fundador de la colonia fue Lucius Munatius Plancus, un lugarteniente y cónsul romano, que vivió del 87 AC. al 15 AC. y que en el año 44 AC. puso la primera piedra del asentamiento de Augusta Raurica, ciudad histórica que hoy se encuentra entre los Cantones de Basilea Rural (Augst) y Aargau.

 

La ciudad fue la primera colonia romana de la región y su período de esplendor llegó hacia el 200 DC. cuando Augusta Raurica se convirtió en un centro comercial de importancia con entre 10.000 y 20.000 habitantes. El centro de la ciudad era la plaza del mercado (el foro) con el templo de Júpiter y el ayuntamiento (la curia). Los centros lúdicos de la época eran, por supuesto, el teatro y los tres baños públicos. Augusta Raurica estuvo llena de vida y actividad hasta finales del siglo III cuando la ciudad fue destruida por las numerosas incursiones y los saqueos de los alemanes. Aún así, hoy quedan muchos restos arqueológicos y excavaciones de interés. En total, en la zona de Augst y Kaiseraugst hay 18 monumentos romanos para contemplar.

La ciudad romana de Augusta Raurica es, con una superficie de 106 hectáreas, el yacimiento arqueológico al aire libre más grande de Suiza. Cada año más de 140.000 visitantes se acercan a estas ruinas, las más antiguas al norte de los Alpes. Además, los visitantes no vienen sólo a ver las piedras milenarias. Desde hace unas décadas a esta parte se celebran aquí también conciertos al aire libre, juegos de máscaras ancestrales y obras de teatro contemporáneas. Otro evento muy recomendable es la fiesta romana que suele celebrarse a finales de agosto. En esas fechas Augusta Raurica hace un salto en el tiempo y se convierte otra vez en una ciudad romana con luchas de gladiadores, danzas de la época, talleres artesanales y souvenirs de todo tipo.

Esta ciudad arqueológica, que también se puede considerar un gran mueso, no sólo ofrece información pedagógica para las escuelas, también tiene guías especializadas en varios idiomas y paneles informativos en francés y, en parte, en inglés, para los visitantes extranjeros. Para las familias lo más aconsejable es el parque de los animales domésticos, el museo romano, las cloacas subterráneas y el local donde se cocía el pan, que se ha reconstruido fiel a los modelos antiguos.

Incluso en días lluviosos como los de ahora se encuentra a gente muy simpática por las ruinas: "Mi mujer y yo siempre veíamos el letrero de esta ciudad histórica en la carretera y siempre quisimos visitarla. Lo más emocionante son los yacimientos y como se llegan a fundir los restos del pasado con el mundo del presente. Por supuesto que voy a recomendar Augusta Raurica en el futuro. Además, ¡no creo que sea la última vez que vengamos!", así de emocionado se me mostró un señor mayor de la zona de la Selva Negra que estaba de excursión con su mujer y sus dos nietas.

Los más jóvenes también se sienten atraídos por la magia de los romanos: un niño pequeño me explica con ojos vidriosos como luchaban aquí los romanos contra los leones y otros animales salvajes. "Y en aquellos tiempos no había baños, sólo cloacas", añade su hermanita.

Después de estar dos horas por Augusta Raurica, que pasaron volando, emprendo mi viaje de vuelta. Las dimensiones de la influencia romana en Augst se hacen más palpables cuando salgo de la zona arqueológica y entro de nuevo en el mundo real. Muchos nombres de las calles nos remiten a ese pasado romano: "Thermenstrasse" (la calle de los baños termales), "Merkurstrasse" (la calle del mercurio), Tempelhof (el patio del templo).

Es impresionante ver cómo ha cambiado el mundo en tan poco tiempo (teniendo en cuenta la historia de la tierra), pero más alucinante todavía es ver como la investigación y la técnica de hoy nos permiten reconstruir la vida de hace 2.000 años. Con este pensamiento me despido de la ciudad romana: Augusta Raurica no es sólo una experiencia interesante, también es una experiencia que te hace pensar.