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Las palomas callejeras de Basilea-

esos animales urbanos que se cruzan a cada paso

Una de las principales características de Basilea son las innumerables palomas que revolotean por las plazas y las callejuelas del centro de la ciudad. Estos animales urbanos se han adaptado perfectamente al nuevo medio y utilizan las esquinas oscuras de los grandes edificios para anidar, puesto que los relieves y los salientes de las edificaciones del centro ofrecen unas condiciones similares a su hábitat natural. Las palomas de Basilea son en sí palomas caseras que se volvieron salvajes y su origen son las palomas roca Columbia Livia, de la región del mediterráneo.

snc/ ali yilmaz

snc español: miguel otero

Las palomas urbanas, ¿una riqueza o una plaga?

Para mucha gente las palomas callejeras son muy importantes porque son de los pocos animales libres que se pueden observar en la ciudad. Traen vida a las calles y acercan un poco más el mundo animal a los niños. Pero otra gente tiene una opinión totalmente distinta. Para ellos, las palomas no son una riqueza, sino más bien una plaga. El dar de comer a las palomas atrae a más y más palomas, y eso se puede convertir en un problema, como se explicará en los siguientes renglones.

Muchos amantes de los animales piensan que dar de comer a las palomas es un acto bondadoso, pero ése es un grave error. El pan que se les da a las palomas sólo ofrece una alimentación limitada y hace que los pájaros estén faltos de minerales y vitaminas. Además, la excesiva alimentación provoca un aumento en la población de las palomas y eso trae consigo varios problemas:

Los excrementos de paloma crían moho y deterioran los edificios.

La superpoblación palomar provoca que haya gran competencia por buscar sitios seguros para anidar. Esta tensión provoca estrés, enfermedades y plagas de parásitos entre los animales.

Como los nidos son utilizados muchas veces, las posibilidades de que haya plagas de parásitos aumentan, y esas plagas pueden pasar al hombre.

Los excrementos de las palomas dañan el mobiliario urbano y los monumentos.

La falta de minerales y vitaminas, provocada por la mala alimentación, hace que las palomas coman los capullos y las hojas de las algas verdes, poniendo en peligro la existencia de esta planta.

Las palomas enfermas, que en un hábitat natural serían presa fácil para otros animales, pueden sobrevivir en la ciudad durante mucho tiempo, aumentando así las posibilidades de transmisión de la enfermedad a otros ejemplares.

Lo ideal sería dejar que las palomas busquen su alimento por ellas mismas. Sólo así se consigue una población palomar equilibrada y sana en la ciudad.

Basilea ofrece un ejemplo a seguir

En los años 70 los basilenses se dedicaron a alimentar tanto a las palomas que la población palomar en la ciudad aumentó considerablemente. Al gobierno municipal no le quedó otro remedio que establecer en 1976 una prohibición general sobre la alimentación de las palomas para controlar el volumen total. La ciudadanía, sin embargo, no estuvo de acuerdo con esta medida y tras muchas presiones, un año después, se levantó la prohibición.

Más de diez años después, en 1988, se inició una acción conjunta para controlar de una vez el volumen de palomas en la ciudad. Las dos asociaciones para la protección de los animales de las dos Basileas, la Universidad y el Departamento de Sanidad lanzaron una campaña para sensibilizar a la población sobre cómo la alimentación excesiva traía una superpoblación palomar que a su vez provocaba problemas de higiene y transmisión de enfermedades en la ciudad.

La meta era conseguir una población palomar equilibrada y sana en la ciudad. Se contrataron a cuidadores de palomas y se lanzó la iniciativa "Proteger a los animales significa no darles de comer" con la intención de explicarle a la ciudadanía que la alimentación inadecuada perjudicaba a las palomas. La mayoría de la población entendió el mensaje, dejó de echar pan a los animales y el volumen total de palomas callejeras se redujo significativamente en pocos años.

Hoy la ciudad de Basilea tiene una población palomar equilibrada y sana para deleite de todos los amigos de los animales. El método utilizado en esta ciudad para erradicar las plagas asociadas a la superpoblación palomar en un espacio urbano ha servido de ejemplo para muchos otros lugares. Muchas ciudades de Suiza y del extranjero han copiado el modelo y han tenido un enorme éxito.

La historia de las palomas urbanas

La paloma de roca es la especie primogénita de la paloma de campo y de todas las otras palomas domésticas. La pureza genética de la paloma de roca está en grave peligro por los múltiples cruces que se han producido con las palomas domésticas. Los expertos dudan incluso de que exista la paloma de roca pura, debido a que el hombre ha criado palomas durante miles de años.

Las palomas de campo están entre la paloma de roca y la paloma doméstica, aunque su escasa domesticación hace que su comportamiento y aspecto se parezcan mucho a la especie original. Desde los tiempos de los romanos hasta el siglo XX las palomas fueron parte integral de la actividad agrícola, sobre todo porque eran animales muy robustos e independientes, que necesitaban de muy poco cuidado y se podían alimentar por su cuenta. El hombre utilizaba los excrementos de la paloma como abono y la carne para alimentarse.

La mayoría de las palomas domésticas que tenemos ahora descienden de las palomas de campo. Las palomas caseras se han mantenido en jaulas y son alimentadas por el criador. Antes esas palomas se mantenían incluso en las ciudades, en los desvanes de las casas. Las palomas de raza se clasificaban por los estándares de belleza fijados por los criadores, mientras que las palomas mensajeras eran seleccionadas por su habilidad y capacidad de volver a casa.

Cuando el hombre decidió domesticar la paloma de roca pura, hace aproximadamente 10.000 años, en la revolución agrícola del neolítico, muchas palomas de campo y domesticas se liberaron del yugo del hombre y se asentaron en las ciudades. Las primeras noticias de palomas callejeras datan de los tiempos de la Alta Mesopotamia. Documentos de la época escritos con sangre hablan de un pájaro callejero conocido por sus excrementos y, sin duda, esta descripción de nuestros antepasados se ajusta mucho a las características de la paloma.

Los romanos también tienen muchas alusiones a las palomas urbanas. Escritores de la vieja Roma comentan en sus escritos cómo las palomas escogían los tejados de las casas para empollar. La isla griega de Tinos es también conocida por sus palomares. En su tiempo las familias poseían una capilla y un palomar como símbolo de estatus. Cada palomar podía acoger aproximadamente 100 parejas. Normalmente la paloma se alimenta de semillas y hierbas malas y sólo empolla 3 o 4 veces al año porque le resulta difícil conseguir el alimento, pero en la ciudad las condiciones cambian. Con la llegada del turismo de masas a Tinos, el volumen de palomas ha aumentado considerablemente.

Para las palomas es mucho más fácil alimentarse en la ciudad que en el medio salvaje. Las palomas urbanas viven de la basura y ya no tienen que rastrear los campos para conseguir, a duras penas, algo de comer. La comida está en la calle, con lo cual el esfuerzo para conseguir el alimento es mínimo.

Las primeras palomas urbanas que llegaron a nuestras ciudades lo hicieron seguramente porque la orografía era la apropiada para empollar. Para entender este proceso hay que situarse en los tiempos de Egipto entre 332 AC y 640 DC. El delta del Nilo es totalmente plano y no tiene peñas, con lo cual es un sitio inhóspito para las palomas, porque no pueden empollar con seguridad. El hombre se las ingenio sin embargo para atraer a las palomas, construyendo unas torres en las planicies. Después de poco tiempo, los altos de las torres estaban llenos de nidos de paloma, ya que los pájaros no tenían otro sitio para encubar.

Los excrementos que caían de las torres se utilizaban como abono en la tierra y los recién nacidos servían de alimento. El excremento de las palomas se utilizaba incluso como aliño para la fruta y las verduras. Para las palomas, la ciudad era lo más parecido a un acantilado. Al principio seguían buscando comida en la naturaleza, pero con el tiempo los animales se adaptaron a buscar comida en la ciudad y dejaron de ir al campo.

Las primeras palomas urbanas llegaron a Basilea en el siglo XIX. Su fuente de alimentación eran los restos de los mercados y también las orillas del río Birsig, que por aquel entonces estaban abiertas y era el sitio donde se guardaban las aves y los cerdos. Sin embargo, al principio del siglo XX la población palomar se redujo en toda Europa y también en Basilea. La llegada del asfalto y el motor fue la muerte para las palomas.

Antes las calles no eran de asfalto y lo que se utilizaba era un piso de madera. Entre las ranuras de las tablas las palomas siempre podían encontrar restos de comida, pero con la llegada del asfalto todo cambió. Los servicios de limpieza no dejaban prácticamente restos en las calles y la población palomar sufrió un duro golpe. Pero el asfalto no fue la única causa. Con la llegada del motor, los caballos también desaparecieron de las ciudades y con ellos el pienso, una de las bases de la alimentación de las palomas callejeras.