snc:
Señor
Kessler, en el programa de gobierno 1997-2000, el Consejo de
Gobierno del Cantón Basel-Stadt (Basilea Ciudad) le dio
prioridad a la política de integración. Se ha creado un modelo
y un plan de actuaciones con claras estructuras de coordinación.
La migración se define como parte importante de la política
del Cantón.
La
vieja “política de extranjería”, con todas sus
deficiencias, se ha puesto patas arriba y se le ha dado un trato
especial al potencial cultural, de fuerza de trabajo e ideas de
la población inmigrante.
Desde
su posición actual, ¿dónde ve usted las mejoras y dónde no?
Thomas
Kessler: Lo más importante es que se siga manteniendo la
alta prioridad que le dio el Gobierno al tema. En el plan político
del Gobierno 2002-2005, la integración pertenece a las cuatro
temáticas más importantes. Con esta predisposición del
Gobierno, nos va a resultar fácil, con la ayuda del Estado,
llevar a cabo el modelo y el plan de actuaciones. Esto es en sí
lo positivo. Podemos cumplir el plan. Al mismo tiempo, también,
vemos lo que queda por hacer, dónde hay lagunas. A través del
desarrollo del trabajo podemos localizar mejor esas
deficiencias; que las tenemos en el cuidado durante todo el día
de los niños y en la formación complementaria, sobre todo de
las mujeres, que se trasladan con la familia para Basilea.
Tenemos aún mucho que hacer. Así está la situación actual.
Un
tercio de la población de Basilea está formada por inmigrantes
y sus descendientes. En los últimos años hay cada vez más
suizas y suizos que se van de Basilea. Sin embargo, el
porcentaje de población inmigrante aumenta.. ¿Cómo se imagina
el futuro de nuestra ciudad?
Esto
parece hoy extraordinario, pero, si se analiza con detenimiento,
es una constante muy antigua. La dinámica es siempre así en
una ciudad. La ciudad es un lugar de migración, de in y
emigración. Esta dinámica fue en Basilea más fuerte, tuvo su
punto álgido hace cien años. Antes de la Primera Guerra
Mundial hubo épocas, en las que la población de la ciudad
cambiaba en dos años. Estadísticamente estos cambios se dieron
por la in y emigración.
La
dinámica hoy está determinada por el hecho de que la ciudad ha
crecido tanto, que es tan grande como la región. Los domicilios
de las personas que trabajan en la ciudad, pueden estar en el
campo – o en Baselland (Basilea Rural), Alemania, Francia. El
radio ha aumentado. Este fenómeno se puede observar en casi
todas las grandes ciudades europeas. Hay una separación en la
ciudad, por ejemplo cuando las familias jóvenes se van o cuando
se buscan pisos más grandes, que se da en toda Europa y que
afecta de la misma manera a los inmigrantes como a los suizos.
Las
familias inmigrantes, que escalan socialmente, y que buscan un
hogar más grande, se comportan igual que las familias suizas.
El problema de Basilea es que no hay suficientes pisos para
familias. Por eso el Gobierno lanzó el programa “5000 nuevos
pisos para Basilea”, para que sobre todo las familias jóvenes
no abandonen la ciudad. La dinámica de marcha y entrada es
relativamente estable. Cada año son cerca de 1000 personas las
que vienen y un poco más las que se van. Se van más porque la
demanda de pisos sube todos los años. Y esto es un síntoma de
bienestar.
El
Consejo Nacional ha aprobado la revisión del derecho de
ciudadanía. A partir de ahora, los niños de extranjeros de
tercera generación se convertirán al nacer, con el
consentimiento de sus padres, en ciudadanos suizos. Además, las
solicitudes de nacionalidad ya no se pueden desestimar
arbitrariamente. La revisión del derecho de ciudadanía va
ahora al Consejo de los Estados. Si se aprobase la revisión, ¿Cómo
sería la práctica de nacionalizaciones en Basilea?
La
práctica de nacionalizaciones en Suiza es de cantón a cantón
y de municipio a municipio muy distinta. El municipio ciudadano
de Basilea ha tenido siempre una praxis muy liberal y ha
reducido el proceso de tramitación enormemente en el tiempo.
El
problema hasta ahora no era el tiempo de estancia en Suiza, es
decir, el plazo de doce años, sino el largo procedimiento que
llegaba hasta tres años. Este era el principal obstáculo de
los interesados.
Me
parece, que el recorte del proceso en Basilea, pero también en
Berna, es más importante que la revisión del derecho de
ciudadanía. La revisión cambia en Basilea sólo el tiempo mínimo
que hay que estar en Suiza para poder presentar la solicitud de
ciudadanía. Esta se reducirá para adultos de doce a ocho años.
Estas
decisiones se toman en Basilea con mucho cuidado. De ahí que
vea con muy buenos ojos la implantación del derecho a ir a
juicio, para comprobar si se ha tomado una decisión arbitraria.
En el departamento de ciudadanía no hemos tenido por ahora
ninguna demanda. Aquí los clientes están contentos.
El
Camtón Basel-Stadt ha abierto una oficina cantonal del
ciudadano para discriminaciones racistas. De esta forma, quiere
llevar a cabo una política de integración abierta. ¿Desde
cuando existe esta oficina y cuáles son las experiencias?
Esa
oficina pertenece a mi área y pretende, en un ámbito paralelo
al de la integración, ayudar en contra de la discriminación.
El Gobierno implantó esta oficina hace dos años, después de
un requerimiento de la Comisión Federal contra el Racismo,
para, a través de una oficina del ciudadano, localizar,
asesorar y erradicar sistemáticamente todos los indicios de
discriminación.
Entre
la oficina ombud, la de asesoramiento y las denuncias por
infracciones existe en la Ley Antirracista un espacio vacío
para la discriminación sutil, y esta oficina cubre también esa
laguna. Es decir, por ejemplo, cuando en la concesión de
vivienda, en el puesto de trabajo o en el tiempo libre se
discrimina sutilmente a la gente y no de manera frontal. En
estos casos se puede acudir a una oficina de asesoramiento o a
nosotros.
Con
este método podemos saber de manera sistemática cómo está el
ambiente en la población, qué temas están candentes y cuáles
son más espinosos. De esta forma, tenemos más o menos un
seguimiento de las problemáticas de la discriminación.
La
integración se ha convertido en una misión común entre
Estado, cantones y municipios. Hacen falta objetivos comunes,
claridad en las prioridades y una extensa colaboración. ¿Qué
posición ocupa el Cantón Basel-Stadt en esta colaboración?
Tenemos
la ventaja de que somos un estado-ciudad. Al ser una ciudad,
podemos actuar con dinamismo y en pequeño espacio. Al mismo
tiempo, tenemos la condición de cantón. Es decir, podemos
negociar directamente con el Gobierno central. Además tenemos
unas muy buenas relaciones con el Cantón Baselland (Basilea
Rural) y el Consejo Federal.
De
esta forma, adquirimos el papel de vanguardia, o el papel de
mediadores, cuando hay conflictos entre el Gobierno central y/o
los cantones conservadores. Tenemos un lugar preferente en la
coordinación. Esto se debe también, a que en nuestro cantón
estas estructuras están presentes desde hace tiempo.
Tenemos
una coordinación muy eficiente. Muchos cantones, pero también
muchos estados federales de Alemania y Austria están muy
interesados en nuestro concepto.
¿Tiene
que Suiza, en cuestiones de política de extranjería, alcanzar
las medidas de la Unión Europea o seguir su propio camino? ¿Qué
opina usted, cuál es su posición?
La
Unión Europea, en principio, está sólo en las
nacionalizaciones, por delante. Ya que en la mayoría de los países
de la Unión Europea los plazos mínimos de estancia son más
reducidos, y el proceso es un acto administrativo. En política
de integración, a nivel general, la Unión Europea es muy
heterogénea. Tiene conceptos muy modernos, pero también muy
conservadores. En estos momento vemos como en Holanda o
Dinamarca se ha pasado de un modelo liberal a un modelo
restrictivo. La UE está muy desunida. Por eso creo que Suiza
debe seguir su propio camino. El primer paso se dio ahora con el
artículo 25 de la Ley de Extranjería. Lo importante es que la
política de integración se desarrolle de forma rápida, pero
también de una forma realista.
Los
temas más importantes de la integración son la política de
familia, la social y la de formación. Estos temas son más
importantes que las cuestiones entorno a la integración y
tienen que tener más peso. Suiza, por ejemplo, no tiene una política
de familia coherente. Si analizamos bien el problema, podemos
observar, que la política familiar es más importante que la de
integración. Con una política de familia buena, se solucionarían
muchos problemas, puesto que los padres se integrarían antes,
los hijos tendrían asistencia todo el día, los padres podrían
trabajar los dos y la integración social se llevaría a cabo
perfectamente en dos lenguas. Una política de integración dinámica,
ayuda a ver los puntos débiles en otros apartados políticos.
Esto es lo interesante.
¿Cómo
se va a llevar a la práctica cotidiana el modelo de integración?
La
meta está en conseguir que la integración sea algo normal en
el día a día. Se necesita una dinámica para conseguir esa
normalidad. La integración en el día a día sería el saludo
amistoso, la hospitalidad, la comunicación, que haya una ayuda
para la familia, que la asistencia al parvulario comience a los
tres o cuatro años, y no a los cinco. Todo esto debería ser
cotidiano. Sólo así es fácil la integración y se comprende.
Pero mientras no tengamos todas estas ofertas, hay que seguir
discutiendo para eliminar los denominados déficits. Por
ejemplo, que lleguen niños extranjeros a preescolar sin saber
alemán. Este es un déficit clásico, que es muy problemático,
pero que no tendría por que darse.
Le
doy las gracias por la conversación y le deseo mucho éxito en
su difícil trabajo.
Han
sido preguntas interesantes, que han tocado puntos clave.