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"En verdad, las gentes quieren vivir todas juntas, pero eso aún no es posible. Se necesita más tiempo" 

Un nombre importante en la danza

moderna Parwin Hadinia:

"En Suiza, las diferentes culturas

sólo pueden vivir unas al lado de las

otras"

snc

entrevista y foto: sevim civil

español: miguel otero

Parwin Hadinia nace en Basilea en 1965. Su padre es iraní y su madre suiza. Después de realizar los estudios primarios, a los 16 años decide entrar en una escuela de danza. Empieza su trayectoria. La primera ciudad que visita es la meca de la danza, Nueva York. De ahí se traslada a Londres, donde se inicia en el ballet moderno. Londres le gusta, decide quedarse allí por un tiempo. Un día, después de un ensayo, se le acerca una mujer y le ofrece impartir clases en el Teatro Nacional de Ankara. Parwin se deja llevar por la intuición y acepta inmediatamente. Los primeros dos años en Ankara sólo habla inglés, pensando que nunca va a ser capaz de aprender turco. No atiende ningún curso de idioma, pero al impartir clase a niños que hablan turco, poco a poco empieza a comunicar. En poco tiempo ya es capaz de hablar a buen nivel. Se adapta al estilo de vida turco y cada vez se siente más a gusto con la vida social y la cultura que la rodea.

Después de vivir 5 años en Ankara, Parwin vuelve a Basilea por problemas personales, aunque sigue visitando a sus amigos en Ankara para aliviar la melancolía. Todavía se acuerda con gusto de aquellos tiempos, en los que, según ella, había logrado alcanzar la paz interior. ¿Por qué? Eso lo vamos a descubrir en la entrevista…

snc: Parwin, ¿por qué decidiste en su día establecerte en Londres?

Parwin: Londres es desde el punto de vista artístico una gran ciudad. Además allí viven muchas más personas como “nosotros”. Digo como nosotros, porque en Londres no vive casi ningún londinense. Allí viven desde hace muchos años diferentes culturas y están acostumbradas a convivir unas con las otras. En Londres todo el mundo puede vivir la vida que le gusta. En Londres es donde me sentí por primera vez a gusto. Allí no importa de dónde vienen las personas o qué religión profesan. Fue la primera vez que pude soltarme de mis miedos.

El destino, de todas formas, ha querido otro desenlace…

Sí, una mañana estábamos en los ensayos, a mí no me iba del todo bien físicamente, tenía una lesión en la pierna. De repente se abrieron las puertas y entró en la sala una mujer. A veces se tiene como una corazonada de que algo así va a pasar: sentí que esa mujer me iba a proponer un trabajo. Después me pregunté muchas veces: “¡dios! cómo llegaste a pensar eso”. Había unas cuarenta personas en la lección, pero la mujer se dirigió directamente a mí después de acabar el ensayo, y me preguntó si quería impartir clases al ballet de danza moderna del Teatro Nacional de Ankara. En ese mismo momento, y sin dudarlo, le dije a la mujer, que se llama Inci Kursunlu, y que aún hoy es directora del Teatro de Ankara, que sí, que aceptaba la oferta.

A los seis meses ya estaba viviendo en Ankara. La primera temporada, hasta que no encontré casa, vivía con Inci Kursunlu. Ankara no me era extraña para nada. Lo único el idioma. Al principio, pensé que iba a ser imposible entender el turco y no me preocupé por ir a clases. Pero, los niños a los que les daba clase me enseñaron turco en un año. Aprendí la lengua gracias a los niños.

Antes de saber turco, me ocurrieron todo tipo de anécdotas en las calles, en los buses y en los mercados. Por mi físico, todo el mundo me hablaba en turco. Yo no entendía nada, pero había un detalle que me resultaba interesante: en el país en el que yo nací, en el que me crié, teniendo una madre suiza, todos me identificaban como una extranjera y a veces no podía ni empezar un diálogo. En Turquía, en cambio, experimenté todo lo contrario. Eso me ayudó mucho, me ayudó a encontrar el equilibrio interior.

¿Ves similitudes entre la cultura iraní y la turca?

Irán y Turquía pueden ser parecidos, pero no son iguales. Turquía es un país diferente, con otra cultura. Turquía para mí es un sitio especial en el mundo.

Tú conoces muy bien la cultura y el idioma turco. ¿Cómo nos ves a nosotros, los de aquí, habiendo vivido antes en Estambul, Izmir y Ankara?

Yo aquí me encuentro muy bien, ya que puedo entender los problemas que tienen que pasar las gentes de otras culturas. Cuando alguien llega a una cultura diferente, empieza a echar de menos a la suya. Normalmente, las personas quieren compartir sus experiencias, su cultura, el idioma, la energía, pero eso se queda todo dentro y empieza a irritar. Yo también he vivido en dos culturas diferentes, de ahí que os vea como parte de mí.

Para mí es un placer volver a Irán, sobre todo porque mi padre renace cada vez que va. En suiza vive en tierra de nadie. A mí entender, una situación muy dura.

En Suiza, las diferentes culturas sólo pueden vivir unas al lado de las otras. En verdad, las gentes quieren vivir todas juntas, pero aún no es posible. Se necesita más tiempo para que eso se haga realidad.

Por ahora las personas sólo actúan desde la cabeza. La persona que viene de otra cultura se dice a si mismo: “yo vivo aquí”, mientras que el suizo dice: “sí, que vivan aquí”. Es una pena que sólo venga de la cabeza y no del corazón.

Parwin, ¿cuál es la cultura que más te atrae?

Cuando volví de Ankara a Suiza me quedé muy sorprendida. Me di cuenta que en Turquía tenía un estilo de vida mucho más cercano a mí, era como si estuviese otra vez en la infancia. Desde aquel momento lo asumí: tanto en el trabajo, como en la vida social, como en el trato con personas me considero como una mujer de Turquía o Irán. Aunque debo decir que en mi vida privada tengo muchas facetas propias de mi madre, que me siguen ligando a ella.

Déjanos volver a Parwin, una artista del ballet moderno. ¿Qué fue lo que te llevó a decidirte por esta profesión?

El arte lo heredé del amor que tiene mi madre por él. Cuando era pequeña, me mandó a clases de piano y ballet. Nunca tuve problemas en las clases. En esas horas me invadía una ola de energía, que nunca antes había sentido. Lo que más me gustaba era el ballet, es por eso que decidí continuar mi formación y perfeccionar mi técnica. La danza moderna es una técnica que viene de Estados Unidos. Con esa técnica se pueden hacer luego coreografías. Supongo que he elegido el camino más fácil. Danzar es para mí un placer, igual que beber agua.

Ahora tengo en Basilea una escuela de danza y tenemos varios proyectos. Casi sólo trabajo con danzarines profesionales.

¿Cuáles son esos proyectos?

Hay un proyecto dedicado a los niños. Varios niños prepararon una coreografía y la presentaron al poco tiempo. Otro proyecto está relacionado con la idea: “Up The Join, que hace confluir la música jazz y folclórica con la danza moderna… por ejemplo, podemos encontrarnos con una mezcla de música suiza, la propia danza, una coreografía india y también música finlandesa. Aunque todos estos elementos son muy dispares, vemos que en ciertos aspectos comparten cosas. Todo se basa un poco en el encuentro…

Esto se lo presentamos a esas almas preocupadas por la cultura y luego seguimos produciendo.

Parwin,  muchas gracias por esta conversación.

Muchas gracias a vosotros. He leído vuestros trabajos y me han parecido estupendos. Después de tantos años, sigo disfrutando de leer en turco, sobre todo por lo bonito del idioma y las finezas que utilizáis. Estoy segura que este proyecto va a seguir adelante.