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Los asesores de imagen de los dos mandatarios
prepararon las agendas políticas de sus respectivos líderes con
tanto esmero que muchas de las frases dichas esta semana por estos
dos personajes quedarán para los anales de la historia. Los dos
han elegido estratégicamente para su gira cinco países amigos y
no se han atrevido a entrar en territorio enemigo para no tener
que enfrentarse a un entorno hostil, aunque en el caso del
representante de la Casa Blanca no se sabe bien si existe
territorio amigo para él, porque vaya adonde vaya va a haber
siempre miles de manifestantes pacíficos que muestran su rechazo
hacia sus políticas y cientos de radicales que aprovechan la
ocasión para enfrentarse a la policía de sus propios países y
destrozar el mobiliario urbano de sus ciudades, sin lograr ningún
tipo de perjuicio para el ilustre visitante.
Bush ha elegido como destinos: Brasil, la mayor
potencia de América Latina, gobernada actualmente por una
izquierda moderada que tiene muy buenas relaciones con Washington,
sobre todo ahora que los dos países quieren crear una especie de
OPEP para el Etanol; Uruguay, un país que actualmente quiere
ampliar sus acuerdos comerciales bilaterales con los Estados
Unidos pero está impedido por una cláusula del MERCOSUR;
Colombia, el mayor socio de los Estados Unidos en Sudamérica y
consecuentemente el país que más ayudas financieras recibe del
hermano del norte a través del Plan Colombia destinado a la lucha
contra el narcotráfico; Guatemala, que ha presentado su
candidatura al Consejo de Seguridad de la ONU para frustrar las
aspiraciones de Chávez y que ya ha firmado el Tratado de Libre
Comercio de Centro América (CAFTA, en sus siglas en inglés) con
los Estados Unidos, y, por último, México, que con la llegada al
gobierno de Felipe Calderón sigue con su línea de apoyo a las
políticas neoliberales defendidas por la Casa Blanca.
Chávez, por su parte, ha visitado Argentina, que
con Néstor Kirchner en el poder se ha convertido en un firme
aliado de Venezuela, gracias sobre todo a que Chávez ha pagado la
deuda externa de este país ante el Fondo Monetario Internacional;
Bolivia, otro socio ideológico y comercial clave de Venezuela
tras la llegada al gobierno de Evo Morales y la nacionalización
de los recursos energéticos; Nicaragua, que con la victoria del
sandinista Daniel Ortega en las últimas elecciones generales ha
vuelto al bando socialista, incorporándose a la Alternativa
Bolivariana para las Américas (ALBA), bloque que también incluye
a Venezuela, Bolivia y Cuba y se enfrenta a la idea del ALCA
(Tratado de Libre Comercio para las Américas) propuesta por Bush;
Jamaica, uno de los países beneficiarios del acuerdo PetroCaribe,
por el cual Venezuela ofrece petróleo barato a sus vecinos
caribeños, y finalmente Haití, porque, según fuentes de la
diplomacia venezolana, Chavéz quería visitar cinco países como
Bush y además por ser Haití el país más pobre de América
Latina con un sentimiento antiamericano muy enraizado.
Una de las curiosidades de todos estos viajes ha
sido que Chávez se ha anticipado en todo momento a los
movimientos de Bush, sin dejarle espacio para maniobrar. Cuando
Bush viajó de Brasil a Uruguay, en el sur del continente, Chávez
ya estaba esperando en Buenos Aires, a pocos kilómetros de
distancia de Montevideo. El día que Bush tomó vuelo hacia
Bogotá, Chávez se puso en camino hacia el norte, en dirección a
Bolivia. Cuando el presidente estadounidense llegó a Guatemala,
en Centroamérica, el presidente venezolano ya se encontraba en
Nicaragua, justo al lado. Y cuando Bush llegó al Caribe mexicano,
Chávez ya había pasado por las playas de Jamaica y Haití. El
portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, preguntado constantemente
por los periodistas por la presencia de Chávez en el viaje,
llegó a ironizar diciendo: "No, no hemos escondido a nadie
entre nuestras maletas".
Las áreas geográficas de esta peculiar disputa
electoral han sido muy parecidas, sin embargo, los estilos han
sido bien diferentes. Bush ha preferido los espacios cerrados y
una seguridad extrema, llegando a hacer uso de artillería pesada.
En Bogotá se movilizaron 22.000 efectivos de seguridad, en uno de
los mayores despliegues policiales de la historia del país, y en
Brasil las medidas de seguridad impuestas por la comitiva de Bush
llegaron a paralizar por varias horas la metrópolis de São
Paulo, hasta el punto de que un ciudadano llegó a decir:
"Hay que tener mucho poder para paralizar una ciudad de casi
20 millones de habitantes". Muy al contrario, Chávez se ha
dejado querer por la gente y ha organizado baños de masas como la
celebración de un mitin en el estadio de fútbol de Ferrocarril
Oeste de Buenos Aires con 40.000 personas o la marcha en coche que
se efectuó por las calles de Puerto Príncipe en Haití entre
miles de seguidores que gritaban exaltados: "Abajo Bush, Viva
Chávez".
Los discursos fueron también bien distintos. Las
alocuciones de Bush fueron cortas (en São Paulo no llegó a
hablar ni siete minutos) y llenas de errores sintácticos (en
Guatemala llegó a decir algo así como que "las autoridades
ejecutoras de la ley tienen que ejecutar la ley para que se
respete la ejecución de las leyes", refiriéndose a la
deportación de los inmigrantes guatemaltecos). Bush no hizo
ningún tipo de alusión a Chávez. Sus asesores le aconsejaron no
llegar a pronunciar el nombre del presidente venezolano porque
podría ser perjudicial para sus intereses. El presidente
norteamericano cumplió a rajatabla con esta misiva y nunca dijo
el nombre de Chávez, incluso cuando los periodistas le
preguntaban sobre el líder venezolano. Bush estaba tan tenso con
esta cuestión de no hablar de Venezuela que en Uruguay, después
de visitar el rancho del presidente Tabaré Vázquez, llegó a
soltar otro gazapo de los suyos diciendo que "Venezuela tiene
carnes fantásticas… quiero decir, Uruguay tiene carnes
fantásticas".
Chávez, como es habitual, no tuvo pelos en la
lengua a la hora de hablar de Bush y estuvo insultándolo durante
horas hasta cansar a sus audiencias. Aparte de llamarle por su
nombre, con un acento estadounidense hispano-caribeño, le llamó
"caballerito del norte", "diablo",
"cadáver político", "loco" y hasta llegó a
decirle "hijo de… bueno, esa palabra no la puedo
decir". Vamos, que lo más bonito que le llamó fue
"hipócrita" por pregonar el neoliberalismo en
Latinoamérica, siendo los Estados Unidos el país más
proteccionista de la tierra. Sin embargo, en cuanto a hipocresía,
Chávez no puede decir mucho en este viaje. En Jamaica el
presidente venezolano criticó el acuerdo sobre Etanol de Brasil y
Estados Unidos por considerar que en "Latinoamérica hay que
plantar para comer y no para producir biocombustible para llenar
el tanque de los coches de los ricos". Una afirmación
ciertamente curiosa ésta cuando Chávez acaba de firmar un
acuerdo con Fidel Castro para construir varias centrales de Etanol
de caña de azúcar en Venezuela, gracias a la importación de
materia prima proveniente de la isla caribeña. Y es que, en
política, como en la vida, después de mucha convivencia, todo lo
malo se pega.
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