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Poniendo en su sitio
al 'dictador' Hugo Chávez Frías
Los medios de comunicación 'generalistas'
de todo el mundo nos dicen que en Venezuela hay una dictadura.
Que Hugo Chávez es un megalómano lleno de petrodólares que
tiene al pueblo sometido a base de grandes dosis de populismo,
'asistencialismo' y autoritarismo. Se comenta que en Venezuela
se ha derrumbado el estado de derecho, que no hay libertad de
expresión y que ha aumentado la pobreza. Pero, ¿cuánto hay de
cierto en todo esto? ¿Cuánto es verdad y cuánto es
manipulación mediática? Para disipar estas dudas lo mejor es
ir hasta Caracas y ver la realidad en primera persona.
reportaje y fotos: ©snc/ Miguel Otero
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Mural a favor del socialismo del
siglo XXI con Hugo Chávez y Simón Bolivar |
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CARACAS (Mayo 2006). Cuando uno sale de
Europa la idea que tiene de Venezuela es que Hugo Chávez ha
llegado al poder de manera fraudulenta, apoyado por una cúpula
militar, y que a través de la fuerza, o por lo menos de la
coacción, ha impuesto determinados cambios 'filosocialistas' en
el país. El régimen bolivariano alega que esos cambios son para
ayudar a los más pobres y eliminar las enormes desigualdades
existentes, pero en el viejo continente hay serias dudas con
respecto a que la mayoría de los venezolanos estén realmente
detrás de su presidente. Los medios 'generalistas' aclaran que el
programa social implantado por Chávez es una cortina de humo que
pretende ocultar las verdaderas intenciones egocéntricas del
mandatario caribeño, que no son otras que apropiarse de la
industria del petróleo para enriquecerse, expandir su campaña
antiimperialista a toda Latinoamérica y perpetuarse en el poder
por tiempo indefinido al estilo Fidel Castro.
Pero esa visión generada por los medios de
comunicación se desbarata por completo cuando uno llega a
Caracas. Parece mentira, pero en estos momentos en Venezuela no
hay una dictadura militar, más bien se trata de una revolución
popular. La mayoría de la población está eufórica con el
proceso revolucionario iniciado por Hugo Chávez. En toda la
ciudad abundan los murales a favor del socialismo del siglo XXI y
en las calles la gente se reúne para hablar de qué van a hacer
para cambiar la sociedad, para profundizar aún más en el proceso
bolivariano. Se habla de cambiar de ideología, de cambiar de
mentalidad, de terminar de una vez con la dependencia del norte y
se diseñan estrategias para erradicar los grandes males
históricos de la sociedad venezolana: la inseguridad, el
burocratismo y la corrupción. Cuando el visitante ve todo esto se
da cuenta de que la revolución bolivariana de Hugo Chávez no es
un proceso impuesto desde arriba, más bien todo lo contrario: se
trata de un fenómeno que surge de las necesidades y de las
voluntades del propio pueblo venezolano.
Uno se pone entonces a investigar y se da
cuenta de que Hugo Chávez Frías no es un líder que surge por
casualidad. El actual presidente de Venezuela es simplemente la
punta del iceberg de un movimiento revolucionario progresista que
se ha venido gestando desde hace casi medio siglo.
Históricamente, Venezuela ha sido un país de enormes
desigualdades y éstas aumentaron en sobremanera a partir de 1958,
cuando las elites oligárquicas afines a los dos partidos
mayoritarios, AD (socialdemocracia) y COPEI (socialcristianismo),
y asociadas a los intereses económicos estadounidenses, firmaron
el 'Pacto de Punto Fijo'. Este acuerdo tenía un claro objetivo:
evitar que cualquier movimiento popular de tendencia comunista,
progresista, obrera o campesina llegase al poder. El Pacto
aseguraba la vigencia del 'status quo' consistente en que el 20%
de la población controlaba la mayoría de las tierras y los
recursos naturales (sobre todo los yacimientos de petróleo),
mientras que el 80% restante vivía en extrema pobreza, excluido
totalmente del sistema y de los estamentos políticos y
económicos del poder. AD y COPEI se alternaron durante 40 años
la presidencia de la República de Venezuela y sus gobiernos
estuvieron constantemente salpicados por el fraude, la
corrupción, las protestas, la represión y una violencia
sistémica y sistemática.
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Vista de uno de los cerros marginales de la
ciudad de Caracas
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Las tensiones sociales llegaron a su clímax a
principios de 1989 cuando el gobierno neoliberal de Carlos Andrés
Pérez (AD), auspiciado por el Fondo Monetario Internacional,
introdujo diferentes políticas de ahorro en el país, entre ellas
la subida de los impuestos sobre la gasolina. Esta medida fue tan
impopular entre los sectores sociales más desfavorecidos que la
gente de los 'cerros' (los barrios más pobres de Caracas) se
echó a las calles a protestar y a saquear los centros
comerciales. El 27 y 28 de febrero de 1989 se produce lo que los
venezolanos conocen como el 'caracazo'. Desesperados por su
situación socioeconómica, cientos de miles de manifestantes se
enfrentaron durante esos días a las fuerzas policiales y al
Ejército. Las intensas protestas y la consecuente represión de
las fuerzas del orden derivaron en una auténtica masacre, con
miles de muertos y heridos. Es justamente en ese momento cuando
muchos militares se dan cuenta de que están reprimiendo a su
propio pueblo por defender a las elites del poder. Viendo las
atrocidades cometidas por sus propios soldados a sus
conciudadanos, algunos altos mandos del Ejército venezolano
empiezan a cuestionar las políticas del Ejecutivo y entre éstos
se encuentra el comandante Hugo Chávez Frías, que ya por aquel
entonces encabezaba el MBR 200, el Movimiento Bolivariano
Revolucionario.
Chávez y sus seguidores realizaron un golpe de
estado contra el Gobierno de Carlos Andrés Pérez el 4 de febrero
de 1992, pero el intento falló y el comandante fue arrestado.
Después de casi tres años en prisión y de una intensa
formación autodidáctica, Hugo Chávez sale de su reclusión con
la firme pretensión de llegar al poder y transformar el país por
la vía democrática. Pertrechado esta vez no con fusiles y
granadas, sino con las ideas libertarias y nacionalistas de los
grandes héroes venezolanos como Simón Bolívar, Francisco de
Miranda y Antonio José de Sucre, Chávez crea el Movimiento V
República (MVR) y se lanza a una intensa campaña de captación
de votos que durará varios años y que lo llevará hasta los
lugares más pobres del país. Su popularidad no cesará de crecer
y en las elecciones presidenciales de 1998 el ex militar
conseguirá una holgada victoria con el 56% de los votos a su
favor. Una vez en el poder, Chávez da la espalda a las elites
oligárquicas que siempre han controlado el país y gracias al
apoyo de las masas aprueba una nueva constitución que rompe con
el orden neoliberal. La embestida de la derecha, apoyada por los
Estados Unidos, no se hizo esperar. Los grupos más conservadores
de Venezuela utilizarán sus medios de comunicación para difundir
una campaña de descrédito contra Chávez, convocarán un boicot
comercial que durará varios meses y provocará un desfalco
económico, y hasta se atreverán a organizar un golpe de estado
contra el presidente electo el 11 de abril de 2002. Sin embargo,
Chávez sale más reforzado que nunca de todos estos ataques. Es
el propio pueblo venezolano el que vuelve a invadir las calles,
libera a su presidente y lo vuelve a poner al frente del país.
Cabe preguntarse entonces en qué país del
mundo la mayoría de la población saldría a las calles a
defender al dictador cuando éste acaba de ser derrocado. Cuando
cae una dictadura las masas oprimidas suelen salir a la calle a
festejar su libertad o puede incluso que se queden en casa
atemorizadas por la represión ejercida por la dictadura, pero de
ninguna manera salen a las calles a defender al dictador. Los
venezolanos y las venezolanas no arriesgaron sus vidas para
defender una dictadura, lo hicieron para restituir la democracia.
Y es que el régimen de Hugo Chávez es todo menos dictatorial.
¿Qué dictador del mundo permitiría la existencia en su país de
medios de comunicación poderosos que atacan día tras día su
gestión y su persona? ¿Qué dictador convocaría un referéndum
a su gestión con la observación de organismos internacionales
independientes como el Instituto Jimmy Carter y la Unión Europea?
¿Qué dictador eliminaría el analfabetismo entre su población y
dejaría que los inspectores de las Naciones Unidas acrediten
oficialmente este hecho histórico? Y, ¿qué dictador explicaría
todas las semanas de manera didáctica y pedagógica en un
programa de televisión su gestión de Gobierno? Como comenta
Eduardo Torres Mundaraín, presidente de una red nacional de
cooperativas: "Quién diga que en Venezuela hay una dictadura
miente. Yo llevo aquí 40 años. Sé cómo se las gastaban los de
AD y COPEI. Antes había seguido disturbios con la Policía,
manifestaciones, protestas… se mataban muchos periodistas. Ahora
con Chávez todo está más tranquilo, hay más libertad, ya no
mueren los periodistas". Durante mi investigación en Caracas
he preguntado a muchas personas de la oposición si consideraban
que en Venezuela no había libertad de expresión y muy pocas me
dijeron que sí. Rosa María Soares da Silva, una ejecutiva en
ventas, resume la opinión mayoritaria: "No hay falta de
libertad de expresión. Aquí cada uno dice lo que quiere".
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Las marchas a favor de Hugo Chávez congregan
a millones de personas
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Hugo Chávez, sin embargo, no se ha limitado
sólo a 'decir', también se ha dedicado a 'hacer', si no sería
muy difícil contar con el apoyo mayoritario del pueblo. Los
logros de su gobierno en materia social gracias a la
nacionalización del petróleo son ampliamente reconocidos a
nivel internacional. La misión Robinson ha acabado con el
analfabetismo, la misión Barrio Adentro ha hecho que en cada
barrio marginal haya un centro médico gratuito, la misión
Identidad ha logrado que todos los venezolanos tengan por fin un
documento nacional de identidad, la misión Mercal ha facilitado
la creación de mercados de víveres básicos a bajo precio y
otras muchas misiones están produciendo mejoras significativas
en los ámbitos de la vivienda, la educación media y superior,
el desarrollo económico endógeno, las infraestructuras, la
ciencia, la cultura y el deporte. Quizás la misión más
altruista de todas sea la misión Milagro que consiste en que
las personas de bajos recursos que sufren de patologías
oculares, como las cataratas, puedan someterse gratuitamente a
una intervención quirúrgica y recobrar así de nuevo la vista.
Esta misión que cuenta con el apoyo del Gobierno cubano es de
las iniciativas más solidarias que se han dado en la historia
de América Latina, ya que no son sólo los venezolanos y los
cubanos los que se benefician de este servicio. A Caracas llegan
enfermos de todas las regiones del Continente, tanto de
Centroamérica y del Caribe como de países pobres
sudamericanos, y es una gran satisfacción ver cómo estas
personas se llenan de alegría cuando se dan cuenta de que van a
poder ver la luz.
La nacionalización del petróleo no sólo ha
beneficiado a los más necesitados del país. La rebaja en los
precios de los carburantes gracias a las subvenciones del
Gobierno ha sido un alivio para todas las clases sociales de
Venezuela. Mientras en el resto del mundo los precios de los
hidrocarburos están por las nubes y los transportistas se ven
con el agua al cuello, en Venezuela 40 litros de gasolina del
mejor octanaje no llegan a costar dos dólares. "Eso es de
lo más democrático que ha hecho Hugo Chávez", me
comentaba un taxista cuando le pregunté sobre el tema. No es de
extrañar entonces que la inmensa mayoría de la población
venezolana apoye a su presidente. A finales de los años ochenta
la gente de los cerros de Caracas salía a la calle desesperada
por la subida en los precios de la gasolina. Ahora ese recurso
natural que tiene el país se está repartiendo. Tanto el
venezolano rico como el venezolano pobre sólo tienen que gastar
dos dólares para llenar el tanque de su automóvil. Para muchos
todas estas medidas son simple asistencialismo que promueve la
idea de un Estado paternalista, pero para otros muchos el Estado
bolivariano simplemente cumple con su compromiso social de
cubrir los derechos básicos para todos sus ciudadanos. Y esos
derechos recogen el derecho a la salud, a la educación, a la
vivienda, al transporte y a un trabajo digno (Chávez ha elevado
el salario mínimo seis años consecutivos hasta los 240
dólares). Hay que decir que esta segunda interpretación
adquiere cada vez más fuerza en el mundo pese a la campaña
mediática internacional en contra de Hugo Chávez. Cuando el
primer ministro británico Tony Blair criticó recientemente la
conducta antidemocrática de países como Cuba y Venezuela,
rápidamente 77 parlamentarios británicos del Partido Laborista
escribieron una carta a Blair defendiendo la gestión de Chávez
en el ámbito social y en la concesión de microcréditos a las
nuevas cooperativas que se están formando en todo el país.
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Muchos adultos han vuelto
a las clases gracias a la revolución bolivariana
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Pese a todos estos elogios, la revolución
bolivariana de Hugo Chávez no sólo tiene aspectos positivos, ya
que también hay ciertas conductas que son muy criticables. Sin
embargo, la mayoría de estos defectos son vicios que vienen del
sistema anterior. Los principales problemas de Venezuela son los
mismos que tienen la mayoría de los países latinoamericanos y
forman parte de una cultura heredada a través de los siglos de la
época colonial. Estos defectos se pueden resumir en tres
palabras: inseguridad, burocratismo y corrupción. La inseguridad
derivada de la criminalidad y la delincuencia es fruto de una
cultura de la violencia que viene de la época de la esclavitud y
que se ha mantenido hasta ahora por las enormes desigualdades
existentes. Caracas es sin duda una de las ciudades más
peligrosas del mundo. Los robos, los asaltos y los secuestros
están a la orden del día por la ineficiencia o incluso la
complicidad de las fuerzas del orden, pero eso no es algo nuevo
por estas latitudes. "Hemos heredado un poder judicial y unos
órganos de seguridad pública totalmente corruptos y eso es lo
que tenemos que cambiar con la próxima Ley de Policía
Nacional", comenta Omar Marcano, diputado de la Asamblea
Nacional de Venezuela por el Partido Comunista.
El burocratismo es otro lunar en la gestión de
Hugo Chávez. Es de aplaudir que mucha gente de ese 80% de la
población que estaba excluida tenga ahora la posibilidad de
ostentar un cargo público en detrimento del 20% que siempre ha
controlado el poder, pero eso no justifica que la mayoría de esos
nuevos cuadros sean incompetentes y se aprovechen de su situación
privilegiada. Muchos de los nuevos funcionarios que llegaron a
posiciones de mando con Hugo Chávez no tienen ni la formación ni
la experiencia necesarias para desarrollar eficazmente su trabajo
para la nación. Impera demasiado esa mentalidad de clan que dice
así: "Si llego al poder, lo primero que tengo que hacer es
ayudar a mi familia y a mi gente". El nepotismo y el
clientelismo son prácticas muy comunes en la administración
venezolana. Muchos diputados tienen a sus hijas de secretarias y a
sus hijos de asistentes y seguro que también a algún que otro
amigo o amiga en algún ministerio. Esta circunstancia hace que
muchos venezolanos que apoyan el proceso muestren su descontento.
"Yo estoy con Chávez y la revolución, pero no con la gente
que está a su lado. Hay muchos que son unos corruptos",
declara Benicio Moreno, funcionario del Consejo Nacional
Electoral. Pero hay que decir que muchas veces esa corrupción es
incluso inconsciente. Yo vi como un cooperativista totalmente
convencido de la revolución y muy crítico con las actitudes
corruptas de los funcionarios le pedía algún que otro
'contratillo' de construcción a una secretaria de un alcalde del
MVR, el partido de Chávez. La secretaria le dijo al
cooperativista: "Bueno, ¿y yo qué me llevo de todo
esto?" El cooperativista le contestó rápidamente: "No
te preocupes que te llevas una comisión". "Ah,
bueno", respondió complacida la secretaria. Cuando nos
fuimos, yo le comenté al cooperativista que lo que acababa de
hacer era una práctica corrupta. Él totalmente serio me miró a
los ojos y me dijo: "eso no es corrupción, eso es lo
normal".
El proceso revolucionario bolivariano tiene un
enorme reto por delante. Hacer que los venezolanos desarrollen una
conciencia socialista y que miren antes por el bien común que por
los intereses individuales no va a ser nada fácil. Alfredo
Rincón Guerrero, un guía turístico de Caracas, lo expone de
manera clara: "Yo no dejo de asombrarme cuando escucho hablar
a Chávez del socialismo del siglo XXI y de la solidaridad entre
los pueblos. A veces me pregunto si no se habrá equivocado de
país. Aquí no estamos en Suecia, Noruega o Suiza, aquí estamos
en Venezuela, aquí todo el mundo es 'vivo'. Todo el mundo se
aprovecha de la situación si puede". Está claro que es muy
difícil cambiar la mentalidad de un pueblo y menos en pocos
años. Pero el proceso bolivariano ha logrado grandes avances en
este sentido. La revolución ha puesto claramente a la vista los
grandes defectos del país y la mayoría de los venezolanos
aseguran que eso tiene que cambiar. "Ahora tenemos que estar
unidos porque son las elecciones presidenciales son en diciembre,
pero después de ganar hay que limpiar el proceso y eliminar a
todos los corruptos", asegura Olaf Giliberto, un joven
abogado de la empresa petrolera pública PDVSA, que gracias a la
revolución y a su profesionalismo ha logrado un buen puesto de
trabajo.
El proceso bolivariano ha logrado seguramente
crear una democracia más participativa en Venezuela. En estos
ocho años se ha estimulado enormemente la conciencia política y
cívica entre la población. La mayoría de los ciudadanos
participaron activamente en los debates para la redacción de la
nueva constitución y muchos de ellos llevan siempre una copia en
miniatura de la misma en el bolsillo para consultar sus derechos.
Hoy en día las leyes no sólo se discuten en el Congreso,
también se debaten en las calles. Los propios diputados de la
Asamblea Nacional bajan a las plazas para discutir las nuevas
leyes con la población. La juventud de los barrios periféricos
que antes no quería saber nada de política, ahora está
totalmente volcada con el proceso y prueba de ello son todas las
televisiones y radios alternativas que se han creado en Caracas.
Los vecinos de los barrios del centro como el de La Candelaria
tampoco se quedan atrás y se están empezando a organizar para
recuperar y rehabilitar sus paseos y sus plazas, que por ahora
siguen presa de la delincuencia, la mendicidad y la suciedad.
"Tenemos que recuperar el sentido de pertenencia al
barrio", comenta Vicente Alirio Oramas, artista plástico y
vecino de La Candelaria. Ahora sólo falta que la oposición a
Chávez se presente a los comicios presidenciales del 3 de
diciembre y no se retire de las votaciones como en las últimas
elecciones legislativas que dejaron los 167 escaños de la
Asamblea Nacional en manos del bando oficialista. Una buena
oposición es un elemento imprescindible para el desarrollo
efectivo de la democracia y la alternancia en el poder. Pero eso
ya no es un problema de Chávez, sino de ese 20% de venezolanos
que antes lo tenía todo y ahora no sabe cómo recuperar el
terreno perdido.
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No son pocos los que creen que Hugo Chávez
seguirá muchos años de Presidente
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