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La
Habana de los últimos años de FidÉl
¿Quién no se ha preguntado alguna vez cómo
viven los cubanos? ¿Si viven mejor que nosotros o peor? ¿Si
son libres o están oprimidos? ¿Si están con Fidel o si están
en contra de Él? La vida de La Habana es tan compleja que se
convierte en un rompecabezas muy difícil de descifrar para una
mente foránea. Sólo después de hablar durante muchas horas
con personas de diferentes ámbitos sociales uno puede empezar a
entender las inquietudes de los habaneros de esta Cuba
revolucionaria inmersa actualmente en un período de crisis
generacional.
reportaje y fotos: ©snc/ Miguel Otero
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Niños jugando en el callejón
de Hamel de La Habana |
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LA HABANA (Marzo 2006). Cualquier escena de
La Habana es digna de una foto: los edificios y palacios
derruidos, los coches americanos de más de medio siglo de
antigüedad, las colas frente a los establecimientos de víveres,
esos personajes negros con esas miradas y sonrisas
cinematográficas… Al visitante le invade el ansia de
inmortalizarlo todo porque le cuesta creer que lo que está viendo
sea real. Sabe que ahora lo tiene delante y lo puede ver pero,
quizás, en unos cuantos años ya no va a estar ahí. Es como
bajar de una máquina del tiempo y tener un espacio temporal
limitado para empaparse de las realidades de este otro mundo. El
viajero aprovecha al máximo su estancia en la capital cubana
porque sabe que no se puede quedar. Todos los extranjeros que
llegan a la isla tienen que tener un pasaje de salida. Ésa es una
de las condiciones indispensables para obtener la visa de entrada
a la realidad de Cuba.
Las calles de Centro Habana están muy desgastadas
tras casi 50 años de lucha revolucionaria y el consecuente boicot
por parte de los Estados Unidos, pero entre las edificaciones
viejas despuntan de repente casas recién pintadas y bien
conservadas. Salomé vive en un hogar protegido tras las rejas de
una puerta de metal con todos los lujos de una familia de clase
media y ella está contenta con el sistema: "Aquí no hay
nadie que se muera de hambre, todo el mundo tiene lo
necesario", comenta tras beberse un sorbito de su delicioso
café. Salomé es una privilegiada en La Habana de la era del
chavito, nombre con el que los cubanos identifican a la moneda
artificial convertible que ha sustituido al dólar como 'moneda
dura'. La señora, de unos 55 años de edad, regenta un hospedaje
privado con licencia para albergar a turistas y por cada noche
pernoctada recibe 25 pesos convertibles (CUC), es decir, 25
chavitos. En otras palabras, Salomé cobra casi 25 euros al día
(un euro son 1.08 CUC) por ofrecer a los extranjeros una
habitación bien arregladita con baño particular y el desayuno.
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Los edificios derruidos de la
calle de San Miguel, en Centro Habana
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Salvador, sin embargo, no tiene la misma suerte.
Él trabaja de 10 de la mañana a 10 de la noche de pincha discos
en el Cabaret Palermo, uno de los locales más populares de Centro
Habana, y cobra el salario mínimo mensual de 240 pesos cubanos,
conocidos en la isla como 'moneda blanda'. Un peso convertible
vale en estos momentos 24 pesos cubanos, con lo cual la señora
Salomé, descontando los impuestos, cobra en un día lo que
Salvador gana en un mes de trabajo. Pero él no se desanima:
"No gano mucho, pero al final siempre conozco a algún
turista, le enseño la ciudad y él me ayuda". Estas palabras
son una buena muestra de cómo los cubanos se han hecho
extremadamente dependientes del turismo desde la caída de la
Unión Soviética en 1991. Las ayudas de la superpotencia
socialista "representaban antes de esa fecha más del 30% del
PIB de la isla y al terminarse éstas a Fidel Castro no le quedó
otro remedio que abrirle las puertas al turismo masivo para no
dejar que la economía cubana se desplomase por completo",
según reconoce Pablo Mijares, un alto cargo del régimen cubano.
El propio Fidel ha revelado en numerosas ocasiones que, desde el
punto de vista ideológico, esa decisión fue de las más
difíciles y dolorosas de su vida y el tiempo le ha dado la
razón. Los turistas han traído mucho dinero a Cuba pero también
han sido la principal causa de las desigualdades existentes.
Para evitar la influencia negativa de la mentalidad
capitalista de los turistas en la población local, el régimen
socialista de Fidel Castro ha intentado durante todos estos años
construir un sistema de servicios y precios para los extranjeros y
otro para los cubanos, pero esa estrategia ha traído numerosos
inconvenientes. "Antes de la caída de la Unión Soviética
yo con unos cuantos pesos cubanos podía pasar una noche en el
Hotel Inglaterra (uno de los hoteles más emblemáticos de La
Habana), mientras que ahora no me dejan ni entrar", comenta
Julio Cabrera, un periodista independiente de la capital, quien
confirma que los cubanos tienen un acceso limitado a los hoteles y
los paladares (restaurantes) de los turistas. Pablo Mijares, por
su parte, explica esta medida desde un punto de vista socialista.
"Con los precios que tenemos actualmente para los turistas,
los únicos cubanos que disfrutarían de verdad de los hoteles de
lujo serían los de Miami, así que hemos optado por la opción
de: o todos o ninguno".
Es evidente que a ninguna persona con bajos
recursos le gusta ver como el vecino de al lado vive en la
opulencia, pero ¿cuál es la diferencia entre que ese vecino sea
un cubano-americano o un extranjero europeo? A los cubanos que
luchan diariamente por conseguir la moneda dura lo que les
incomoda es ver que son ahora los extranjeros los que disfrutan de
los locales que antes eran de ellos. Gullantay, una vendedora
ambulante como muchas otras en La Habana, lo explica de manera
gráfica. "Es como un frigorífico. Todos hemos trabajado
para construir ese frigorífico. Una vez que lo hemos construido
se puso ahí cerveza para todos y todo el mundo podía ir al
frigorífico y sacar sus cervezas, pero ahora le han puesto un
candado al frigorífico y sólo los extranjeros tienen la llave
para abrirlo". El caso es que los cubanos no tienen sólo
restringido el acceso a los establecimientos de hostelería para
turistas, sino que los precios de las discotecas y los clubes de
Centro Habana como la Casa de la Música son prohibitivos para
cualquier persona que recibe un sueldo en moneda blanda. La simple
entrada para ver un grupo de renombre puede llegar a los 20
chavitos, es decir, el doble de lo que recibe Salvador por un mes
de trabajo.
Todo esto podría parecer inaudito para una mente
europea o estadounidense, pero en la Cuba de Fidel hay que
diferenciar bien entre lo que son los lujos propios de una
sociedad capitalista y consumista y las exigencias que pueda tener
un ser humano socialista. No cabe duda de que lo extraordinario de
la revolución cubana es que, a pesar de más de 40 años de
bloqueo por parte de los Estados Unidos, ha logrado cubrir las
necesidades básicas de su población. La cartilla alimenticia de
la cesta básica no da para dar grandes festines y muchos cubanos
se quejan por las reducidas raciones, pero bien es cierto que no
deja a nadie con hambre. El transporte público es extremadamente
barato en La Habana. Gullantay fue un día al hospital y le
detectaron un quiste en los ovarios y a las pocas horas ya estaba
operada y en la sala de rehabilitación. En La Habana, a
diferencia de la mayoría de las ciudades de Latinoamérica, es
prácticamente imposible ver a un niño trabajando o pedir limosna
en la calle. "Los niños cubanos están en las escuelas, que
es donde deben estar", apunta Salomé. El proceso
revolucionario cubano también se ha preocupado siempre por
ofrecer una buena cultura a su gente. En La Habana el teatro, el
cine, el ballet, la ópera y el béisbol están al alcance de
todos, incluso de aquellos que tienen un salario bajo.
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Los niños de San Miguel de
Padrón, uno de los barrios marginales de La Habana
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La Cuba de hoy está dividida en un sistema barato
y accesible que cubre las necesidades básicas de los cubanos y un
sistema caro y con todos los lujos del primer mundo para los
turistas. Como explica Pablo Mijares, los precios para los
turistas están tan altos porque esa es la primera fuente de
financiación que tiene el Estado para ofrecer educación, salud y
cultura gratuita a los cubanos. Lo que pasa es que hay personas
como Gullantay o Salvador que no se conforman con las necesidades
básicas. Ellos saben apreciar perfectamente los servicios que
ofrece el Estado, pero consideran que son insuficientes. Gullantay
se queja porque sus hijas sólo reciben una libreta y un lápiz a
principios de curso y a partir de ahí les tiene que comprar el
material escolar en los shoppings, que son las tiendas para
turistas que venden su mercancía en chavitos. Salvador, por su
parte, lamenta que sólo pueda ir a la Casa de la Música cuando a
algún turista amigo le apetece invitarle. En La Habana de la era
del chavito hay dos estructuras bien diferenciadas, pero así como
las comodidades y los privilegios del sistema de los turistas
cautivan la atención de los cubanos, de igual manera, los precios
módicos del sistema de los cubanos atraen a los extranjeros con
pocos recursos.
Esta circunstancia hace que se incremente la
demanda en los dos sistemas y por ende, siguiendo una lógica
capitalista, eso hace también que suban los precios. "En los
últimos años los mercados para cubanos están cada vez más
caros", apunta Juan, un pintor bohemio que vive en La Habana
Vieja y que en muy pocas ocasiones tiene moneda dura en sus
bolsillos. El inconveniente no es sólo que los turistas utilicen
los servicios de los cubanos e incrementen los precios, el mayor
problema es que cada vez hay más productos básicos que se
empiezan a comercializar en chavitos. Juan entiende que una lata
de Coca Cola, unas zapatillas Nike o un reproductor de CDs Sony se
vendan en moneda dura, "pero cómo puede ser que una camiseta
o un pantalón cualquiera, una lata de cerveza cubana de la marca
Bucanero o incluso el aceite, que es una necesidad básica, se
vendan en chavitos". En este tema incluso Pablo Mijares está
de acuerdo. "El aceite es un producto básico para cocinar y
debería venderse en pesos cubanos, eso es verdad, es de las
muchas cosas que están mal y tenemos que cambiar", reconoce
el alto cuadro del Régimen, que pese a su posición privilegiada
sólo cobra unos 900 pesos cubanos al mes, o sea, menos de 40
euros.
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Dos vendedores dialogando en un mercado con
precios en pesos cubanos
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Tal y como está ahora la vida en La Habana, el
atractivo del poder adquisitivo que ofrece el chavito es demasiado
fuerte para que los cubanos se resistan a la tentación de
conseguir de alguna manera la moneda dura. La realidad de La
Habana es ésta: el salario mínimo de los cubanos es de 240 pesos
cubanos, o lo que es lo mismo, 10 chavitos. Una cerveza nacional
marca Bucanero, que en principio es un lujo, cuesta en cualquier
parte de la ciudad un chavito, es decir, el 10% del salario
mínimo. Un champú corriente para el pelo, otro lujo, cuesta más
de tres chavitos. Un jugo de naranja pasterizado, otro privilegio,
pasa de los dos chavitos. Y así sucesivamente hasta llegar a unas
zapatillas Nike que pueden superar los 80 chavitos. Esta
circunstancia hace que el cubano se las ingenie para conseguir la
moneda dura y los métodos son muy variados. Los que tienen mayor
suerte son aquellos que tienen familia en el extranjero y reciben
remesas periódicamente. Gustavo Aliaga, otro periodista cubano
independiente con lazos en Miami, explica que "los envíos de
divisas de los cubanos en el extranjero ya representan la segunda
fuente de ingresos de la isla después del turismo".
Pero no todos tienen la suerte de tener algún
familiar en el extranjero o de regentar un hospedaje privado para
extranjeros como Salomé y a éstos no les queda más remedio
"que buscarse la vida", como dice Salvador. Él, como
muchos otros en Centro Habana o la Habana Vieja, hace de guía
turística con la esperanza de recibir alguna invitación o un
poco de propina. Uno o dos chavitos, o lo que es lo mismo, uno o
dos euros, ya son el 10% o el 20% de su salario mensual.
Gullantay, por su parte, compra todo tipo de ropa a los
comerciantes venezolanos y por cada prenda que vende en la calle
se saca unos cuantos chavitos. Juan, el pintor, siempre tiene la
esperanza de que algún turista esté interesado en sus obras y
con un cuadro que venda ya gana más de lo que ganaría trabajando
con un sueldo en pesos cubanos. Tomás, por ejemplo, tiene un
coche y hace de taxista ilegal. Cuando se sube un extranjero se
está arriesgando a que la Policía le ponga una multa y le
confisque el vehículo, pero como dice él: "de alguna manera
tengo que conseguir buena comida para mis hijos, ¿no? y si el
extranjero paga en chavitos, pues esa comida será mucho
mejor".
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Pintura de Olandris Cabrera, uno de los
pintores emergentes de La Habana
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La llegada del turismo masivo y la mayor
circulación de moneda dura han fomentado también otras
actividades ilegales como la prostitución y la delincuencia,
aunque en este caso hay que decir que el volumen de éstas es
mucho mayor en cualquier otra capital latinoamericana que en la
ciudad de La Habana. Reinaldo Morales, un historiador, comenta que
el narcisismo de los cubanos hace que la gente en La Habana piense
que su ciudad es de las más peligrosas del mundo y que no hay
más pobreza y miseria que la que viven ellos. "Hay que
relativizar las cosas. Si se compara con los países vecinos, Cuba
ofrece una mejor calidad de vida a toda su población que las
otras islas del Caribe y que gran parte de los países de
Centroamérica", explica Morales. Muchos cubanos se quejan de
su situación porque no han salido nunca del país y no pueden
comparar la calidad de vida que tienen ellos con la de sus
vecinos. Y eso es precisamente lo que piden gran parte de los
jóvenes de La Habana. Muchos no están en contra del régimen de
Él (los habaneros utilizan la tercera persona para referirse a
Fidel Castro para evitarse problemas), lo único que quieren es
poder salir de la isla y conocer otras realidades.
Óscar es un chico que tiene 30 años y es
peluquero en Centro Habana. Actualmente tiene una novia de
Barcelona y está deseando salir de Cuba para conocer España.
"Yo no estoy en contra del sistema" - dice - "lo
único que quiero es poder viajar y conocer el mundo como hacen
los turistas que vienen aquí. Ésta es una isla pequeña y si
estás aquí toda la vida, esto al final se convierte en una gran
cárcel de la que no puedes escapar". Óscar es un chico
joven con una mente muy abierta y con gran conocimiento de lo que
está pasando en el mundo y a medida que va contando sus
aspiraciones y sus metas para el futuro se va notando en sus ojos
la ilusión de que "pronto van a cambiar las cosas en la
isla". Con la edad avanzada que tiene Fidel Castro, Cuba se
encuentra en estos momentos en una fase crítica propia de un
cambio generacional en el poder. Julio Cabrera, el periodista,
explica acertadamente el sentir de la mayoría de los habaneros.
"La gente ahora mismo está expectante porque sabe que a
Fidel le quedan pocos años de vida, pero lo cierto es que casi
todo el mundo está de acuerdo en que la situación no puede
seguir así". El aumento en las desigualdades y la subida de
precios han hecho que muchos cubanos estén deseosos de ver un
cambio en el sistema.
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Ni las videntes saben qué va a pasar
después de la muerte de Él
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La pregunta clave entonces es: ¿qué pasará a la
muerte de Él? "Esa es una pregunta que nadie puede contestar
por ahora, ni el propio Fidel", comenta el historiador
Reinaldo Morales. Pero sí que se barajan diferentes posibles
escenarios. El primero sería la sucesión en el poder del hermano
de Fidel, Raúl Castro, pero Gustavo Aliaga descarta esta opción
por considerar que los mismos cuadros socialistas no aceptarían
una dinastía en el poder. "Eso sería muy poco socialista y
revolucionario", señala el periodista. Si se descarta
entonces la sucesión familiar, quedan otras tres posibilidades,
que van desde el escenario catastrófico hasta el escenario rosa
para la revolución cubana. El catastrófico sería la lucha
interna por el poder y el surgimiento de una guerra civil. Como
explica Jesús Arboleya en su libro "Cuba y Estados Unidos:
un debate de ahora" cabe la posibilidad de que la diáspora
cubana de Miami tenga la estrategia de financiar a grupos
disidentes internos para que creen disturbios y enfrentamientos
entre los mismos cubanos y así aprovechar la anarquía y el
vacío de poder para recuperar las riendas del país gracias a la
ayuda de una intervención militar de los Estados Unidos. Óscar
está convencido de que éste es el escenario más probable.
"En cuanto muera Él, aquí la gente se va liar a tiros, por
eso me quiero ir de aquí," dice el peluquero.
El escenario intermedio no sería tan dramático.
Gustavo Aliaga opina que los nuevos líderes de la revolución
cubana van a ceder a las propuestas de los empresarios cubanos de
Miami. Con las necesidades que tiene hoy en día el país, es muy
probable que haya una fase de transición y que poco a poco se
produzca una apertura política y económica en Cuba. "Los
nuevos líderes se van a sentar a la mesa con los cubanos de la
diáspora y con los grandes empresarios de Estados Unidos y al
final van a llegar a un acuerdo. Las relaciones entre los cubanos
de la isla y los de la diáspora siempre han sido históricamente
muy estrechas y eso es lo que va a prevalecer", explica
Aliaga. Reinaldo Morales refuerza esta hipótesis al asegurar que
la influencia cultural de los Estados Unidos ha sido siempre muy
grande en la isla. "A los cubanos nos encanta el béisbol,
nos encantan las películas de Hollywood y nos encanta la música
que viene de ese país, sólo hay que fijarse como se visten los
jóvenes cubanos de hoy para ver que 47 años de revolución no
han eliminado la atracción que ejerce el American Way of Life
sobre la sociedad cubana". El escenario intermedio sería
entonces una Cuba con una democracia liberal y una economía de
mercado.
Pablo Mijares, sin embargo, no acepta esta tesis.
Para él, el proceso revolucionario cubano va a continuar
avanzando después de la muerte de Fidel. "Puede que muchos
jóvenes no estén de acuerdo con algunas cosas del sistema, pero
todos saben reconocer las prestaciones sociales que ofrece el
mismo". "Aquí no queremos que llegue el
neoliberalismo," comenta Samuel, un joven camarero negro que
trabaja en una cafetería del centro de la ciudad. Julio Cabrera
analiza la coyuntura actual y también se inclina por el escenario
rosa: "Hay mucho descontento entre la población, pero eso no
quiere decir que los cubanos estén en contra de la idea del
socialismo. La revolución venezolana de Hugo Chávez ha traído
además aire fresco al proceso cubano. Ahora mismo si la gente
tuviese que decidir entre neoliberalismo o socialismo, la mayoría
se inclinaría por la segunda opción". Muchos habaneros como
Juan, el pintor, pueden pasarse horas criticando las decisiones de
Fidel pero cuando se les pregunta por el socialismo no dudan en
decir que esa es la meta final a la que debe aspirar el ser
humano. Juan es incluso de los optimistas y piensa que ya estamos
en una fase de transición histórica entre el capitalismo y el
socialismo. "El hombre tardó muchos siglos para pasar de una
sociedad feudal a una sociedad capitalista y tardará otros tantos
siglos para pasar de una sociedad capitalista a una sociedad
socialista, pero al final lo logrará, de eso no hay duda".
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La figura de Fidel está presente en cualquier
esquina de La Habana
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Los nombres utlizados en este reportaje han sido
inventados porque así lo han pedido expresamente la mayoría de
las fuentes.
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