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La
obtención de diamantes a través
de ceniza humana
Las
cuatro religiones monoteístas interpretan de forma muy distinta
la incineración de un cadáver. Mientras la tradición
musulmana y judía exigen el entierro, las Iglesias católicas y
protestantes permiten la cremación individual de los muertos.
Pero esta forma de última despedida, muy extendida hoy en el
mundo occidental, ha pasado a otro nivel. En Suiza es ahora
posible obtener diamantes de las cenizas de los seres queridos.
Esto no es un cuento científico, sino la realidad. Cada vez son
más las personas que quieren convertirse en diamantes en el
momento que la muerte llama a sus puertas.
snc
investigación/ zafer sayar
snc
español/ miguel otero
El
negocio de las cremaciones y los diamantes se fraguó en las
mentes de dos emprendedores suizos. Veit Brimer, de 38 años de
edad, y su socio Rinaldo Willy, de tan sólo 24 años, iniciaron
el exitoso y lucrativo descubrimiento con una discusión sobre
cómo el entierro tradicional estaba dejando paso en Suiza a la
incineración de los cadáveres. Europa había eliminado por un
tiempo la cremación de los cuerpos, que se había practicado
durante muchos siglos, pero a finales del siglo XIX esta práctica
volvió a resurgir. Suiza fue uno de los países pioneros en este
sentido. En 1889 se abrió el tercer crematorio de Europa en
Zúrich. Casi un siglo más tarde, después, en 1969, la Iglesia
Católica aprobó oficialmente la exhumación de los cuerpos,
callando así las voces cristianas discordantes que se oponían a
este ritual. A partir de ese momento cada fiel podía decidir por
su cuenta el futuro de su cuerpo y a consecuencia de ello creció
enormemente la práctica de las cremaciones.
La
pregunta que surgió en la discusión de los emprendedores fue si
no se podría reciclar la ceniza de diferentes maneras. Los
parientes de la difunta o del difunto podrían, en vez de ir a
rezar a la tumba, esparcir la ceniza en el jardín de la familia o
conservar los "restos" del ser querido en una caja de
madera preciosa en algún rincón místico de la casa. Así,
Brimer y Willy, divagando sobre este asunto, llegaron a la idea de
que se podría usar la ceniza para fabricar diamantes, y que esta
práctica se podría covertir, con el tiempo, en tradición.
De
la ceniza al diamante
Sí,
no es una tontería, con la tecnonología de hoy en día es
posible convertir la ceniza de un cadáver en un diamante. Los
emprendedores suizos Willy y Brimer saben bastante sobre física,
química y anatomía y, según ellos, la composición del agua
después de la cremación es muy similar a la que se obtiene en la
creación de diamantes. El diamante es en sí un elemento de la
ceniza, así como el vapor y el hielo son elementos del agua.
Los
dos jóvenes se dieron cuenta desde el inicio que su idea
prometía. Desde un punto de vista psicológico, la urna es un
recuerdo para los familiares, pero la imagen de la misma es fría
y distante. Aunque se hayan vivido momentos excepcionales con el
difunto, la primera impresión, al mirar la caja, es siempre de
luto. Con los diamantes, sin embargo es distinto. Con cada leve
movimiento de la piedra aparece una nueva luz. No en vano se
considera a los diamantes el símbolo de la eternidad, el recuerdo
y el amor.
Una
tecnología posible, pero muy costosa
Willy
y Brimer no sólo se convencieron rápidamente de las ventajas del
diamante frente a la ceniza en la urna, sino que también se
enteraron de las posibilidades que ofrece la teconología. El
primer diamante artificial se creó en unos laboratorios
estadounidenses allá por 1955. El modelo, fabricado a través de
la cristalización de carbono, ha sido de gran utilidad, por su
dureza, para los instrumentos perforadores de los dentistas o para
limar herramientas, pero nunca se ha considerado una piedra
preciosa. Las diferencias en calidad también se pueden apreciar
en la naturaleza. Algunos tipos de diamantes son idóneos para la
industria, otros, en cambio, son más adecuados para los joyeros.
En los laboratorios de los Estados Unidos se creó en 1970 un tipo
de diamante que cumple todas las cualidades de una piedra
preciosa. El único problema es que los costes de la fabricación
superan los relativos a la obtención de las piedras por el
método natural.
En
Rusia se obtiene la presión necesaria
Afortunadamente,
un instituto científico de Moscú ha sido capaz de crear un
programa alternativo para la creación de diamantes. Sin este
descubrimiento, la idea de Willy y Brimer no podría llevarse a
cabo con tanta rapidez.
En
Moscú se han logrado conseguir los niveles necesarios de presión
y tempertura a un precio reducido. En este caso, el elemento
prioritario es la presión, no la temperatura. Donde hizo falta,
se limpió el carbono de todas las sustancias químicas
inorgánicas y después se sometió, durante dos semanas, a una
temperatura de 1.500 grados celsius y a una presión de 60.000
unidades. Ésta es la misma presión que cabría esperar en el
oceano a 600 kilómetros de profundidad, estando el punto más
profundo de la tierra a 10.000 metros por debajo del nivel del
mar. A través de este proceso de compresión, que viene realizado
por una maquina que parece una nevera, se logra cristalizar el
carbono.
El
diamante que se obtiene tiene todas las cualidades de una piedra
preciosa, aunque se puede notar cierta diferencia con las piedras
naturales y por eso su precio en el mercado es más reducido. Los
expertos en diamantes puede que no observen ninguna diferencia
entre las piedras artificiales y las naturales, pero los
laboratorios han constatado tales defectos. Si bien el proceso de
elaboración de diamantes se ha visto reducido aún más en los
Estados Unidos en los últimos años, las investigaciones
realizadas en Moscú confirman que los diamantes fabricados
artificialmente nunca podrán ser comparados con los diamantes
naturales, pero eso poco le ha importado a nuestros dos
emprendedores suizos que tienen una visión mucho más comercial
del asunto.
Diamantes
de un quilate
En
el argot de los joyeros un quilate corresponde a una piedra de un
quinto de gramo de peso y con un diámetro de aproximádamente 6
milimetros. Un quilate, de esta forma, no tiene más volumen que
un guisante. Dicho esto, con la teconología de Moscú,. los dos
jóvenes suizos son capaces de fabricar diamantes de 0.5 a 1
quilate. Las posibilidades son múltiples. Con un labotratorio
sencillo y un equipo que no tiene más que un metro y medio de
altura se pueden hacer virguerías. Cuando los clientes llegan con
la ceniza de sus seres queridos al mostrador de la empresa de
Willy y Brimer se encuentran con una lista completa de diferentes
modalidades de diamantes.
Convertirse
en diamante después de la muerte: ¿como anillo o incrustado en
un zócalo?
Gracias
a los distintos modelos prediseñados, los clientes pueden elegir
de qué forma y qué tamaño debe tener el diamante. La empresa
ofrece además varias formas de usar y conservar el diamante. Un
ejemplo sería incrustar el diamante en un zócalo de gránito y
colocar éste en un lugar apropiado. Con esta opción la persona
difunta seguiría teniendo su lugar en la casa. Los diamantes
también se pueden moldear para un anillo o un collar, todo según
el gusto del cliente. Cualquier forma es posible, sólo hay que
utilizar la imaginación. La idea de llevar un anillo con un
diamante que ha sido creado con las cenizas del compañero
sentimental en principio tiene un enorme potencial, pero sólo
faltaba saber si la idea iba a ser aceptada desde el punto de
vista religioso, y aquí Willy y Brimer tenían sus dudas.
Las
Iglesias dan la luz verde
La
tradición musulmana y judía, salvo excepciones, no permiten la
cremación de los difuntos. Los cadáveres deben ser enterrados y
dejados en las manos de la naturaleza. Brimer y Willy sabían
desde el primer momento que no podían contar con el beneplacito
de estas dos comunidades, pero su interés estaba en la Iglesia
Católica y la Protestante.
La
Iglesia Católica acepta desde 1963 las cremaciones, aunque en
ninguna parte está escrito que "puedes hacer un anillo de
las cenizas de tu abuela". Cuando el tema de los diamantes de
ceniza llegó a la opinión pública, los sacerdotes cristianos no
se pronunciaron sobre el asunto, aunque su silencio no duró
mucho. Después de intensas deliberaciones, la postura oficial de
las dos iglesias cristianas es que no se oponen a esta práctica.
La conversión de las cenizas de un ser querido en un diamante no
debe considerarse un pecado y debe ser una libre decisión del
fiel. La práctica no ha sido condenada, pero los sacerdotes han
mostrado sus dudas sobre si el procedimiento es el más adecuado.
Un
inicio espectacular
Los
emprendedores suizos recibieron esta noticia con enorme
satisfacción y comenzaron a centrarse en el trabajo. El viento
estaba a su favor. Los medios de comunicación se encargaron de
airear la noticia e incluso antes de ofrecer los servicios ya eran
conocidos. No hizo falta ni tan siquiera realizar una campaña de
promoción. Miles de personas que quieren convertirse en diamante
despues de la muerte o quieren recordar a sus seres amados a
través de una piedra preciosa entran en la página web de la
empresa y establecen el contacto con Willy y Brimer directamente.
¿En
cuánto tiempo y por qué precio se consigue el diamante?
La
empresa encargada de producir diamantes de cenizas de seres
humanos se llama "Algordanza" y ha abierto sus oficinas
en julio de 2004. El precio y el tiempo de producción dependen
del tamaño y la calidad de la piedra. Un diamante de medio (0,5)
quilate, es decir del tamaño de un guisante, cuesta cerca de
6.000 francos y es la oferta más económica. Después, si se
quiere una piedra más gruesa, hay que pagar más. Aunque el
diámetro del diamante nunca superará los 6 milimetros porque la
teconología no permite fabricar diamantes más grandes.
¿Qué
porcentaje del diamante corresponde al cuerpo del difunto?
Por
ahora los crematorios queman a los difuntos vestidos y en una caja
de madera. El diamante que se extrae de las cenizas está hecho en
gran parte del cuerpo del fallecido, pero siempre quedan restos de
ropa y madera. Para los dos emprendedores, "los clientes son
los responsables de la ceniza". En sí, el "diamante
puro" sólo sería posible si se quema el cadáver sin la
ropa y la caja, pero que los crematorios ofrezcan en el futuro
este servicio aún no está nada claro.
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