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El estadio, como lugar de crimen

El mundo del deporte es conocido por el juego limpio, la libre participación y la diversión. Las victorias se celebran y las derrotas se lamentan. Eso no le pasa sólo a los profesionales, sino a todos los aficionados y espectadores. El fútbol es seguramente el deporte con más seguidores, bien sea por televisión o en los estadios. Pero, ¿qué sucede cuando se utiliza el fútbol para desatar violencia? ¿Qué pasa cuando en los estadios aparece el racismo, la violencia y la discriminación en dosis escalofriantes?

snc español: özen aytac - miguel otero

Los objetos culturales de Littmann reflejan en la exposición “El estadio, como lugar de arte” el lado oscuro de una de “las aficiones más bonitas de la vida”. El ambiente de la exposición llega a ponerle al visitante la piel de gallina. El fútbol se presenta a debate, y se interrelaciona con aspectos muy diferenciados de la vida cotidiana. La muestra, mediante una mirada introspectiva en el fútbol, como cultura de masas a la que se le asocia violencia, racismo y discriminación, enseña la pequeña y difusa línea que hay en el fútbol entre la emoción controlada y la agresión descontrolada. Pero, en el espacio “El estadio, como lugar de arte”, también se muestra la inmensa fascinación y creatividad que provoca el fútbol. En esta exposición se trata la creatividad, como fenómeno del susto.

“El estadio, como lugar de arte” no es la primera exposición que muestra “Proyectos Culturales Littmann”. De 1982 data la exposición “Fútbol en la Vitrina”. En ella se exhibieron muchas de las facetas y ritos del fútbol, como fenómeno de masas. La comparación entre las dos exposiciones hace aún más ostensible la idea de que el fútbol está entre la emoción controlada y la agresión descontrolada. Una pequeña minoría, y eso lo demuestran los veinte años analizando estadios de fútbol, utiliza la arena futbolística como escenario para emprender acciones violentas, racistas o discriminatorias. Pero, aunque sea en el fútbol, no se trata de ideologías, se trata de delitos. El paso de “lugar de culto” a “lugar de crimen” está logrado.

Sólo es una pequeña minoría, en comparación con los millones de aficionados pacíficos, la que se encarga de crispar el ambiente. Pero las consecuencias y daños para la sociedad son tan grandes, que no se pueden pasar por alto. “El Estadio, como lugar de arte” evidencia como, después de la tragedia del estadio de Heysel, en la que murieron 39 personas y hubo 487 heridos, y los mundiales de Francia, en los que se demolieron tranvías y Daniel Nivel casi pierde la vida por los golpes sufridos, el fútbol ha perdido su reputación. Pero también enseña la infinita fascinación por el fútbol. Como millones y millones de aficionados derrochan su ilusión y creatividad para hacer de los estadios un lugar de culto y cultura.

La exposición analiza también si esas actitudes violentas y xenófobas son consecuencia del ambiente previo incendiado por la prensa sensacionalista y las letras de las canciones. La muestra enseña la espiral diabólica que provoca la violencia verbal, la violencia de los jugadores, la de los aficionados y la de los policías. Los visitantes de la exposición se verán confrontados con varias preguntas: ¿quién echa mano de qué medios? ¿quién utiliza la violencia verbal? ¿dónde está la frontera entre las provocaciones que se lanzan las distintas aficiones y el insulto discriminatorio y racista? ¿cómo provocan las palabras ciertos hechos y cómo sustituyen los hechos ciertas palabras?

La muestra está estructurada de tal forma que los aspectos etnológicos y arqueológicos sobresalen con respecto a los políticos y sociales. Esta exposición itinerante se exhibirá en distintos países hasta que, antes de los mundiales de Alemania de 2006, se asiente en Berlín. Durante todo este tiempo “El estadio como lugar de arte” se irá actualizando, según los acontecimientos que vayan teniendo lugar en el mundo del fútbol.

Klaus Littmann nos habla de la exposición y la violencia

Hemos tenido el placer de hablar con el señor Littmann, para que él mismo nos describiese la exposición y nos contase qué fue lo que le llevó a realizarla. La conversación ha sido muy interesante, ya que ha abierto nuevos horizontes dignos de analizar.

«El fútbol tiene un alma, y las almas son siempre frágiles.  Por un tiempo se puede pisotearlas, cortarlas en pedazos, golpearlas y hasta negar su existencia. Pero una vez que se pierden, es muy difícil volverlas a encontrar. Después sólo viven en los recuerdos. No quiero ni imaginarme qué harían los millones de aficionados de este juego, si el fútbol ya no tuviese alma»  Klaus Littmann

Klaus Litmann expone sus obras desde hace 20 años.

Vive de y para las exposiciones. (foto: snc – nesrin okumus)

 

La idea de esta exposición surgió de mi primera exposición. Por aquel entonces nos sentamos con Werner Jehle, a quien dedico esta muestra, y discutimos la posibilidad de realizar una exposición. Queríamos montarlo desde el punto de vista etnológico, los objetos tenían que presentarse como si estuviesen en un museo. Empezamos a pensar qué podríamos exhibir y nos topamos con el fútbol. La violencia es más que nada un problema social, y nosotros elegimos el fútbol para representarlo. Los estadios de fútbol albergan fin de semana tras fin de semana, en el mundo entero, millones de personas. Así se llegó a la exposición “Fútbol en la Vitrina”. En esta muestra se presentaron los objetos, como por ejemplo una bota de fútbol, pieza por pieza. La evolución etnológica del fútbol, y en qué se ha convertido éste, se puede ver en la exposición “El Estadio, como lugar de arte”.

En este sentido, quiero subrayar que no hemos elegido las fotos y objetos más brutales. Para nosotros es importante que también los niños de las escuelas puedan ver la exposición, valorarla y pensar sobre ella. No queremos influenciar a los visitantes, sólo queremos hacerles pensar. La violencia en los estadios empieza poco a poco y va en aumento. Nuestra idea es que los maestros vengan con sus alumnos, no para divertirse, sino para tratar un tema del que han previamente hablado en clase. Nos hemos implicado en este asunto, y fuimos a hablar con los maestros. En líneas generales estamos contentos con los resultados. Les entregamos a los niños un formulario sobre el tema violencia, y ahora los estamos analizando con los sociólogos. Hubo discusiones abiertas y salieron varios puntos de vista. Hemos, además, incluido en el formulario un apartado de sugerencias y mejoras, que se reinvertirá en la propia exposición.

Lo que más me ha sorprendido son los objetos confiscados por la policía. En una de las vitrinas de la exposición hay un palo con una punta metálica en uno de sus extremos. ¿Qué intención tendría el sujeto que pretendía pasar con eso en el estadio? ¿Qué pasaría por su cabeza cuando intentó pasarlo por el control? Por otro lado, el intentar introducir bengalas no me ha llamado tanto la atención. Los visitantes se horrorizan cuando ven los objetos incautados en un partido de fútbol del F.C. Basel. No se trata de un coche incendiado o de imágenes de muertos y heridos en otra parte del mundo. No, se trata de lo que pasa delante de la puerta de casa. De objetos que se incautaron en su ciudad. Es por eso que la exposición va a cambiar de lugar en lugar, para adaptarla al entorno.

Las causas de la violencia en los estadios dependen de cada uno de los países y de lo que signifique el fútbol en cada unos de ellos. En Inglaterra, por ejemplo, las razones están en la debilidad social. Las personas sueltan en los estadios su frustración, ya que el desempleo es muy alto. En Italia el fútbol tiene una connotación fascista. Aquí en Suiza, en cambio, tenemos exactamente lo contrario que en Inglaterra. Aquí las personas realizan acciones violentas por la opulencia y el aburrimiento.

Para nosotros es importante que los visitantes se identifiquen. No queremos que vengan aquí y que contemplen algo que pasa en otro lugar. Ha habido casi enfrentamientos armados después de partidos de fútbol. En los estadios no sólo se descalifica a los jugadores y a los aficionados del equipo contrario. Se lanzan insultos racistas, discriminatorios contra la mujer o los homosexuales, se exhiben pancartas, símbolos…

Los ciudadanos se ven confrontados con toda esta parafernalia de apología a la violencia. En una página de Internet de Alemania se pueden comprar, aparte de ceniceros, banderas, bolígrafos y relojes, un hacha. Sólo hay que mandar una fotocopia del Documento de Identidad, acreditando que uno es mayor de edad, y ya está. El pago se efectúa por tarjeta de crédito. Es decir, se trata de una compra perfectamente legal. Los objetos necesarios para la violencia los puede conseguir cualquiera. No son sólo los “hooligans” los que hacen uso de la violencia los fines de semana.

En una conversación con la policía de Basilea, me dijeron que me sorprendería qué tipo de personas forman los grupos violentos. Son personas normales y corrientes, que durante la semana visten de traje e incluso son padres de dos hijos. Lo que pasa es que el fin de semana cambian de indumentaria y de mentalidad. El ser humano ha cambiado, se ha vuelto más violento. No es sólo que haya aumentado la utilización de objetos para el combate, también ha subido la violencia verbal. Yo tampoco soy una persona que ve las cosas negras o blancas. No creo que la solución esté en poner a todos los miembros de los grupos radicales frente al paredón.

Con nuestra exposición queremos mostrar las diferentes formas de violencia y discriminación. Es por eso que tenemos varias habitaciones. En una sala están los objetos. En otra, “la masa”, representada por proyecciones de gente y de disturbios. En otra sala está representada la violencia verbal. Es increíble ver qué expresiones utilizan los aficionados, y hasta los dirigentes del fútbol. Soy de la opinión que los responsables del fútbol no deberían pasar por alto la violencia. Los jugadores y directivos que están en la palestra pública deberían tener más cuidado con lo que dicen, ya que muchos de ellos son los ídolos de los jóvenes y ejemplo a seguir.

La exposición itinerante, casi con toda probabilidad, no terminará en Berlín, ya que el fenómeno del fútbol va a evolucionar. Siempre habrá nuevos objetos y acontecimientos que asegurarán el futuro y la continuidad de la misma.

essayo de werner jehle

Cuando la Galería Littmann expuso en 1982 el fenómeno cultural del fútbol, con todos sus utensilios y rituales, la tragedia de Heysel era un hecho impensable. Klaus Littmann dedicó esta exposición a Werner Jehle, que en 1991 escribió un ensayo. Jehle es historiador de arte, periodista y expositor. Este ensayo, que evidencia con claridad qué ha cambiado en el fútbol desde Heysel, dice así:

Essayo de Werner Jehle

Cuando en 1982, bajo el título “Fútbol en la Vitrina”, llenamos las salas de una galería de Basilea con balones, botas de fútbol, camisetas, pantalones cortos, espinilleras, guantes de portero, equipajes de árbitro y banderines de corner, el fútbol no era lo que es ahora. Seguro que muchos aficionados vibraban en los estadios y delante de los televisores, pero no en la cantidad que lo hacen diez años después. Por aquel entonces no había canales por satélite que pudiesen competir con los canales públicos. La tragedia de Heysel aún no había ocurrido. La palabra “hooligan” estaba relegada a entornos muy reducidos. Los estadios no tenían asientos, sino gradas, como el de Heysel. No había separación entre los sectores del estadio. El comportamiento de los aficionados era en líneas generales pacífico. Había cánticos, banderas, algún que otro petardo o lanzamiento de botella, pero nada comparado con el vandalismo que llegó después. Y aún no había llegado la moda de las coreografías organizadas, en las que cada individuo levanta las manos, una bandera o un cartón, según llega el aviso.

La agresividad entre los espectadores ha aumentado, y puede ser que entre los jugadores también. Cada vez hay acciones más duras en el terreno de juego. Puede que también las hubiese antes, pero la nueva tecnología en cámaras de televisión enfatiza aún más la brutalidad, mostrándonos las agresiones desde todos los ángulos posibles, en cámara lenta y hasta desde el aire. Con los nuevos micrófonos a pie de campo, incluso se puede oír el crujir de los huesos después de una terrorífica entrada.

Un partido sigue siendo de 90 minutos, pero el circo que se monta antes y después de los enfrentamientos es exagerado. Se escriben páginas y páginas, se graban cintas y cintas, se imprime, se envía, se discute, se gana y pierde dinero, se especula… Hay toda una industria detrás del fútbol dedicada a las camisetas, banderas, bufandas, mascotas, accesorios y fotografías. Sin olvidarse de los patrocinadores que copan todas las bandas publicitarias, y hasta imprimen su logotipo en camisetas, pantalones, medias y botas de los distintos equipos. La mercantilización llega a tal extremo que hasta el instrumento básico del juego, la pelota, es de una marca concreta. Los éxitos deportivos tienen cada vez más repercusión en la economía, igual que las derrotas, evidentemente. Después de que en el mundial celebrado en su país, en 1990, Italia no quedara campeona del mundo, miles y miles de botellas de vino, con la forma de la copa del mundo, quedaron en las estanterías de los establecimientos, provocando enormes pérdidas.

No se puede exponer el fútbol, pero se puede seguir su huella, gracias a sus objetos. Se puede, así como hacen los arqueólogos, ir descubriendo poco a poco los utensilios oxidados, escondidos entre las capas de tierra del campo de batalla, y exhibir después esas preciosas “reliquias”.

Relación de actividades del Proyecto Cultural Littmann

Exposiciones individuales:

1983 Meret Oppenheim

1985 Bernar Venet , Nikki de. St. Phalle

1987 André Tomkins

1988 Jim Whiting

1989 Dieter Roth

1990 Daniel Spoerri

1991 Jean Tinguely

1992 Leon Golub , Keith Harring

1993 Bernhard Johannes Blume

1994 Anna Blume

1995 Robert Mapplethorpe

1996 César

1997 Wang Guangiy

1998 Ute Schröder

2001 Johannes Hüppi

2002 Tazro Niscino

Exposiciones en grupo:

1985 Cosas privadas

1986 Asociaciones electorales

1991 Tren de la cultura

1992 En honor a Tinguely

1995 Crossover

1996 China Now

2000 Skultur

2001 Frontside