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Búnkeres
secretos y bodegas de comida quedarán eliminados
Suiza
dice 'Adiós' a la Guerra Fría
Con
el fin de la era de la Guerra Fría, la Confederación
Helvética ha cambiado por completo su política de defensa
nacional. Eso significa la destrucción de las despensas de
comida, el cierre de los almacenes secretos, el desmonte de los
explosivos de los puentes y una reducción en los efectivos del
Ejército.
snc
reportaje/ snc/ali yilmaz
snc
español/ miguel otero
La
pequeña Suiza, durante la Segunda Guerra Mundial, se encontró
sin quererlo en plena línea de fuego y había un temor enorme de
que el conflicto se extendiese por el territorio nacional. Las
potencias beligerantes habían aceptado la neutralidad de la
Confederación Helvética, pero la población suiza durante años
vivió con el miedo de sufrir en sus propias carnes los efectos
devastadores de la guerra
Con
esta visión apocalíptica, se empezaron a diseñar diversas
estrategias, como por ejemplo el papel de la población civil en
la defensa del país en caso de una invasión o de qué manera se
podían cubrir las necesidades mínimas de la población en un
entorno catastrófico.
Con
el fin de la Segunda Guerra Mundial y la llegada de la Guerra
Fría entre el bloque comunista y el capitalista, los temores de
una gran guerra aumentaron todavía más. Suiza renegó en parte
de su tradicional política de neutralidad y se inclinó por el
sistema socioeconómico que proponían los Estados, adoptando así
una postura claramente hostil a la Unión Soviética. Los suizos
vivían por primera vez la intensidad de un conflicto siendo parte
en la batalla.
Pero,
afortunadamente, la tercera guerra mundial no llegó y con la
caída de la Unión Soviética en los años noventa, muchos
países empezaron a revisar sus políticas de defensa. Los
resultados de este proceso de cambio se pueden ver con claridad
también ahora en Suiza. La revista "Beobachter" acaba
de publicar un reportaje que tiene por título "Adiós al
Ejército" (Armee Ade) y que ofrece información detallada
sobre los cambios que se van a introducir en las estrategias de
defensa del país.
Las
despensas de comida se quemarán
Las
bodegas, que se construyeron en plena Segunda Guerra Mundial para
hacer frente a una situación catastrófica, han visto el final de
la guerra mundial y de la Guerra Fría sin haber sido utilizadas.
Según datos del "Beobachter", más de un millón de
estanterías de comida que se encontraban en el búnker de
protección civil en pleno centro de Berna serán destruidas.
En
los otros Cantones la situación es parecida. Todas las
estanterías que hasta hace tres meses tenían una función clave
en casos de crisis emprenderán en los próximos días, por
decisión del Gobierno, su último camino hacia el crematorio.
Durante
la Guerra Fría, cuando las posibilidades de una guerra atómica
eran grandes, los búnkeres suizos tenían todo lo necesario para
sobrevivir una situación de crisis: telas, pieles, bombillas,
neumáticos para los buses, cristales para gafas etc. El
mantenimiento de los búnkeres se hacía en el más absoluto
secreto. A ningún ciudadano suizo se le hubiese ocurrido decir el
nombre o la localización de búnkeres tales como el de Surava o
Lütisburg en voz alta, el que hacía esto era tachado de traidor
de forma inmediata.
Los
búnkeres secretos: el fin de una era
La
caída del muro de Berlín y los programas de ahorro del
Parlamento y los gobiernos de Suiza cambiaron el destino de los
almacenes de comida, tan importantes en otra época. Los
responsables de la nación le hicieron ver al pueblo que ya no
hacía falta tener búnkeres llenos de comida para alimentar a la
ciudadanía en el supuesto caso de un aislamiento político y
económico sin precedentes. Al final se tomó la decisión de
cerrar los búnkeres secretos que tenían la capacidad de cubrir
las necesidades básicas de la población suiza por un periodo
máximo de cuatro meses.
Esta
decisión se dejó notar en las arcas del Estado. Mientras que en
1990 la población suiza destinaba 795 millones de francos de sus
impuestos a mantener los búnkeres, en el 2003 esa cantidad se
redujo drásticamente hasta los 132 millones.
Los
almacenes de jabón, detergente para lavar, carbón, té, cacao y
semilla quedarán vacíos antes de que termine el año. En los
próximos dos años desaparecerán los depósitos de cebada, avena
y maíz y hasta el 2008 se desmantelarán las reservas de hierro,
acero, otros metales, materiales eléctricos, pilas, baterías y
todas las telas. Todos estos productos se lanzarán al mercado de
forma escalonada para no afectar a los precios.
Los
nuevos escenarios de crisis y la reducción del Ejército
El
enemigo de hoy es muy distinto al de la Guerra Fría. Las nuevas
estrategias se dirigen sobre todo hacia dentro, hacia la lucha
contra enfermedades contagiosas, contra el terrorismo y contra
cualquier acción de sabotaje. Estos nuevos peligros han hecho que
Suiza almacene en estos momentos 10.000 bolsas de plasma
sanguíneo, 120.000 máscaras contra el SARS, multitud de
antibióticos contra la gripe y muchos otros medicamentos de vital
importancia.
Por
otra parte, hasta el año 2010 se va a vender material militar por
un valor de 10.000 millones de francos y las fuerzas armadas del
país han pasado de tener 800.000 efectivos a tener sólo 200.000.
Según el "Beobachter", cerca de 90 metros cúbicos de
tiendas y aproximadamente 100.000 uniformes se quemarán en los
próximos meses. 2.000 cargas explosivas se desactivarán de
puentes y pasos fronterizos y en total se eliminarán 7.000
almacenes de municiones. Tan sólo este trabajo de destrucción le
cuesta al Estado unos 20 millones de francos al año.
El
Ejército suizo vendió 30 aviones "tigre" a los Estados
Unidos y Austria y la Oficina Federal para la Defensa del País ha
anunciado que también quiere vender los tanques
"Leopard". El territorio perteneciente al Ejército
suizo abarca la extensión del Cantón de Zug y es el bien
inmueble más grande de Suiza. Sin embargo, el 93% del terreno
está en zonas no urbanizables, de ahí que la tierra no se pueda
vender a particulares. Con el resto de la propiedad que sí es
vendible se esperan sacar unos 30 millones de francos al año.
Todos
estos pasos deberían agradar a aquellos que durante tanto años
habían pedido el desmantelamiento del Ejército suizo, pero el
ritmo impuesto en la reducción de las capacidades militares ha
sorprendido incluso a los activistas pacifistas más radicales. Ni
en sus más remotos sueños se imaginaban tal eliminación de
recursos militares.
La
mayoría de los medicamentos también serán destruidos
Los
responsables de coordinar la reducción del Ejercito comentan que
a veces hay que tomar decisiones difíciles y que los depósitos
de medicamentos no se van a poder utilizar para ayuda humanitaria.
La fecha de caducidad de la mayoría de ellos está a punto de
vencer y las farmacéuticas no se comprometen más allá de esa
fecha. De todas formas, los responsables aseguran que se va a
"reciclar" o "reutilizar" todo lo que se
pueda. Aun hace poco se mandaron a Ucrania cientos de camas de los
seis de los doce hospitales subterráneos que van a ser
desmantelados.
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