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Todo
para evitar que la tierra se caliente aún más
Los
primeros y lentos pasos del
protocolo
de Kyoto
Los
acuerdos para evitar un mayor calentamiento de la tierra, aunque
en parte forzados, son un pequeño, pero firme paso adelante en
la evolución de la especie humana. El protocolo de Kyoto ha
entrado formalmente en vigor el 16 de febrero de 2005. Los
estados industrializados se comprometen por fin a reducir las
emisiones de gases que producen el efecto invernadero, principal
causa del cambio climático que estamos viviendo.
snc
reportaje/ ali yilmaz
snc
español/ miguel otero
Hace
tres meses Rusia firmó el Protocolo de Kyoto e hizo que
finalmente entrase en vigor el acuerdo que pretende reducir en un
5% las emisiones de gases de efecto invernadero hasta el año
2012. Mientras esto ocurre, los Estados Unidos de América se
siguen negando a firmar un protocolo que han ratificado hasta el
momento 141 países. Un comportamiento éste que ha provocado un
aluvión de críticas y reacciones negativas no sólo de las
organizaciones ecologistas, sino de la opinión pública mundial
en general.
El
consejero federal, Moritz Leuenberger, ha descrito la entrada en
vigor del tratado como "un paso muy importante en los
esfuerzos comunes para aminorar los efectos del cambio
climático". Leuenberger está satisfecho por como la
opinión pública mundial se ha sensibilizado con respecto al
cambio climático, pero también ha recordado que aún quedan
muchos pasos por dar para tener cierta efectividad. Las
organizaciones ecologistas, los Verdes y los Socialdemócratas de
Suiza creen que será imposible lograr las metas en Suiza si no se
introduce un impuesto para las emisiones de dióxido de carbono.
Por
otra parte, el Banco Mundial se esfuerza en señalar que los
proyectos relacionados con la energía, desde su planificación
hasta su puesta en marcha, tardan de media cerca de 5 años en
concretarse. El Banco Mundial subraya que el protocolo de Kyoto
finalizará en el año 2012, con lo cual casi no queda tiempo para
realizar esos proyectos. Para acelerar los trabajos, el Banco
Mundial otorgará los créditos para esos proyectos en cuanto
estos estén funcionando, llamando así a los estados
industrializados a que logren las metas del tratado, en parte,
financiando proyectos de energías renovables en países en vías
de desarrollo. El Banco Mundial espera destinar hasta el año 2012
cerca de 25.000 millones de francos a proyectos medioambientales
en países subdesarrollados.
La
meta es reducir las emisiones de gases de efecto invernadero
Con
la nueva Ley sobre las Emisiones de Dióxido de Carbono, la
Confederación Helvética quiere dar un ejemplo y reducir hasta el
año 2010 las emisiones de este gas a los niveles de 1990. Si tras
los acuerdos con el mundo empresarial y las medidas anti-dióxido
de carbono no se logra alcanzar ese objetivo, entonces sí que
entrará en vigor el impuesto sobre las emisiones de CO2.
La
ley sobre las emisiones de dióxido de carbono entró en vigor el
1 de mayo de 2000 y para muchos ha sido un paso de gigantes para
alcanzar, en parte, las metas marcadas por el protocolo de Kyoto y
reducir el calentamiento de la tierra que está provocando el
cambio climático. El Gobierno de la Confederación Helvética se
ha propuesto firmemente reducir las emisiones de dióxido de
carbono y para ello ha introducido una serie de directrices, como
el paquete de medidas de la Ley de Energía y el programa de
trabajo sistemático de la agencia "Suiza Energía", que
se dedica a fomentar el consumo eficiente de energía y a
encontrar nuevas fuentes de energía renovable.
No
sólo llega con la política
Pese
a todo, el Gobierno ya se ha dado cuenta que las nuevas medidas
vinculadas a las políticas energéticas no son suficientes para
reducir de manera sustancial las emisiones de CO2. Desde la Ley de
Energía de 1999, el Gobierno puede establecer ciertas directrices
al sector privado, pero lo novedoso es que con la nueva ley sobre
dióxido de carbono incluso se puede llegar a acuerdos con
empresas concretas que consumen mucha energía. Estas empresas, si
demuestran que están realizando esfuerzos para reducir sus
emisiones y firman unos determinados niveles, posteriormente
podrán quedar exentas del impuesto sobre CO2.
El
impuesto CO2
En
el caso de que todos estos esfuerzos no sean suficientes para
llegar a las metas de reducción de emisiones marcadas para el
año 2010, al Gobierno suizo no le quedará otro remedio que
aplicar el impuesto CO2. Así, por cada litro de dióxido de
carbono que se emita a la atmósfera, se tendrán que pagar
aproximadamente unos 50 francos.
De
todas formas, en el supuesto caso de que se introduzca el
impuesto, la tasa la decidirá en su momento el Parlamento del
país. Si sucede esto, no va a haber la posibilidad de convocar un
referéndum y los ingresos del impuesto recaerán finalmente en el
pueblo suizo y en el mundo empresarial comprometido con el medio
ambiente.
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