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El árbol con las raíces desmochadas 

“El amor hacia el propio país es totalmente independiente de los acontecimientos políticos que nos separan de la patria: la patria le regala a cada uno, lo que la historia le ha negado: raíces e identidad.”  (Franca Magnani)

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reportaje: georges bertschinger

español: miguel otero

Franca Magnani de niña iba a menudo con su padre, un inmigrante italiano, a ver  los partidos de fútbol del Hard, Zurich. Le gustaban los armoniosos movimientos en el juego de los italianos, que llevaban los pantalones de buen corte, como bien explica en “Quien se acuerda, vive dos veces”. En cambio, a los toscos y corpulentos suizos, con los pantalones demasiado largos, los despreciaba. Si además los compatriotas le ganaban a los suizos, Franca estaba contenta.

Hoy, que muchos africanos y europeos del sur y del este (Hakan y Murat Yakin en el FCB) se ganan la vida con el fútbol, Franca Magnani tendría más problemas para decantarse por una selección nacional. Aunque la cuestión de la migración e integración en Suiza no haya cambiado.

En la Suiza del Noroeste vivían en el año 1990 95.184 extranjeras y extranjeros, así como 436.767 suizas y suizos; en toda la Suiza del Noroeste vivían entonces 531.951 personas. En 1995 subió el porcentaje de los extranjeros hasta alcanzar el 2,5 por ciento en 1998. El porcentaje suizo bajó en un 0.1 por ciento. En total vivían en 1998 en la Suiza del Noroeste 546.199 personas. El porcentaje de extranjeros está en un 20 por ciento. Hasta aquí la simple estadística.

Detrás de los números se esconden como siempre personas con virtudes y defectos, con emociones y sueños. Max Frisch escribió en uno de sus diarios, que la economía suiza había llamado a fuerzas de trabajo, “y que habían llegado personas”. Con esto quería decir que los jornaleros de Italia, España y Grecia habían encontrado en la actividad industrial, tal como se proponían los empresarios, sus puestos de trabajo. Pero al mismo tiempo, sin haberlas dejado en casa, habían traído también su propia cultura e identidad. Los trabajadores extranjeros destacaban en el entorno suizo, causaban extrañeza por su peculiaridad.

Cincuenta años después del diario de Frisch, la situación de la población laboral y residente extranjera es igual pero distinta. Hoy en día son, con los italianos, eminentemente los ex-yugoslavos y los turcos los que buscan pan y trabajo en Suiza. La procedencia de los jornaleros se ha desplazado de los países vecinos hacia el este o sureste. Todavía viven y siguen expresándose los extranjeros según su propia cultura e identidad. Así como en los años cincuenta, la política de la patria sigue separando a los emigrantes de sus raíces. Y sin raíces no puede darse ningún árbol.

La cuestión de lo extranjeros

En carteles electorales y en artículos en los periódicos se le llamó al problema de la integración de los inmigrantes “la cuestión de los extranjeros”. Al poner esta etiqueta los autores intentaron cosificar la ardiente discusión. Debido a la crisis económica de los años treinta, bajaron las cifras de emigrantes con respecto a 1910. Este descubrimiento corresponde a Suiza, al cantón de Basel-Land y a toda la Suiza del Noroeste (Basel-Land, Basel-Stadt, los municipios de Dorneck y Thierstein, Laufental und Fricktal). En 1941 estaba la cuota de emigrantes del cantón Basel-Land en algo más de un cinco por ciento. En Basel-Stadt hoy la cuota ha ascendido hasta a un 37 por ciento de la población total. El boom de los años cincuenta y sesenta atrajo de nuevo a muchos emigrantes en disposición de trabajo. Hasta el año 1970 la cuota de extranjeros no dejó de escalar hasta llegar al 19 por ciento de la población. “El exceso foráneo” dominaba el debate público.

“La iniciativa Schwarzenbach”

En los años setenta irrumpió en Suiza una ola de odio a los extranjeros. Ésta fue consecuencia del repentino cambio en la sociedad que se produjo con la coyuntura de finales de los años sesenta. Nuevos fenómenos, como por ejemplo la falta de vivienda, el encarecimiento de la vida, las lagunas en el sistema educativo y sanitario, así como en las infraestructuras, se acentuaron de tal forma, que éstas carencias fueron imputadas a la población extranjera. Aunque este mecanismo se conoce entre los psicólogos como proyección, poco se pudo hacer para evitar que los instigadores, en contra de la integración, difundiesen sus simplificados eslóganes hostiles al denominado “Exceso foráneo”.

La consulta (iniciativa) en contra del exceso foráneo en el pueblo y en la patria (la iniciativa Schwarzenbach) se decidió los días 6/7 de junio de 1970 en las urnas: con un 54 por ciento de votos para el no y un 46 por ciento de votos para el sí, los suizos con derecho a voto rechazaron por muy poco la iniciativa. En el cantón de Basel-Land la iniciativa de “exceso de foráneos” sólo consiguió un 36 por ciento de los votos.

Con la resaca de la crisis económica mundial de 1973-1975 bajó de nuevo la presión alrededor de la cuestión de la integración, ya que muchos de los emigrantes tuvieron que regresar a sus países de procedencia. En el cantón de Basel-Land vivían en el año 1980 31.114 personas, es decir, 7.525 personas menos que en 1970. Los jornaleros habían cumplido su cometido y tenían que marchar. El periodismo económico le llama a algo así, “amortiguador coyuntural”.

Implantación del estatus temporal

Por lo menos reaccionó la política: el Bundesrat promulgó un decreto para la creación de un contingente de extranjeros. Hasta hoy el Departamento de Justicia y Policía tiene que hacer frente a las numerosas solicitudes de trabajo temporal o  primeras peticiones de trabajo anual. Éstas categorías, sin embargo, no tienen en cuenta las avalanchas de solicitudes de asilo. Es decir, a los numerosos refugiados de las zonas en guerra de la Ex-yugoslavia, Albania y sobre todo África Occidental. Estos exiliados llegan a Suiza sin tener un permiso de trabajo. Suiza, por tradición un país de acogida para refugiados, aún hoy les pone muchas trabas y traiciona muchas veces su reputación.

Franca Magnani (1925-1996) fue desde 1964 corresponsal italiana en Roma para la ARD. Autora independiente para todos los importantes medios televisivos y de prensa en Alemania y Suiza. En 1990 publica los recuerdos de su infancia y adolescencia en “Una familia italiana”, obra que se convirtió en best-seller.