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20
años de radios locales
Un
sueño que no se hizo realidad
Hace
ahora un cuarto de siglo, en este país, un personaje ligado al
poder, pero a su vez también un frustrado académico,
periodista y extraordinario cantautor, decide abandonar el país
y convertirse en un pirata, concretamente en un pirata de las
ondas ultracortas, cuyo propósito es quebrantar el monopolio
radiofónico de la SRG. Su revolucionaria actitud contó desde
el inicio con gran respaldo, sobre todo desde los círculos
burgueses, que veían a la emisora pública SRG como un órgano
leninista-estalinista cuya línea editorial obstaculizaba los
intereses neoconservadores y neoliberales. Marco de
circunstancias que hasta el día de hoy sigue presente.
snc
reportaje: niklaus freundlieb
snc
español: miguel otero
Lo
que el público quiere
Esta
ola de críticas hostiles a la emisora estatal pública no hizo
otra cosa que reforzar la posición de nuestro pirata radiofónico,
pese a que éste sabía perfectamente que su radio rudimentaria,
anclada en la diáspora del norte de Italia, no suponía ningún
tipo de amenaza al monopolio informativo y a la profesionalidad
de la SRG. Pero se estaba haciendo radio, se estaba empezando y
eso era una buena noticia. En la televisión, por razones económicas
y políticas, en aquellos momentos no se podía ni pensar. Y eso
lo sabía nuestro pirata, que a partir de aquí, y cuando le
convenía, se enfundaba el traje populista de Robin Hood, el
amigo de los ladrones, para lograr el apoyo de la masa juvenil
suiza en su lucha contra el tirano, la SRG. A esa masa no le
interesaba la información políticamente correcta. Para ellos
enterarse de lo que pasó en el bar de la esquina la otra noche,
a través de las noticias regionales, habría una nueva dimensión
radiofónica. Eso faltaba hasta ese momento, ya que la SRG no
cubría ese tipo de noticias. Pero lo más importante era el
sonido, la onda, como lo llamaban los piratas radiofónicos.
Mientras “Radio Beromünster” tocaba el himno nacional a
medianoche, los combatientes de la onda corta, seguros de si
mismos, proponían el estridente rock californiano. ¡Eso rompía!
Cuando los
“Bucks” llegaron con su desenfrenado punk al AJZ de Zúrich
y revolucionaron la música rock suiza, nuestro pirata radiofónico,
que ahora empezaba a ser idolatrado, excitaba a las masas con
los “Eagles” y con noticias locales agresivas, como por
ejemplo que en el último concierto de los “Bucks” en el AJZ
aparecieron ciertas “calamidades”. Y la cosa funcionaba. El
pueblo quería música moderna, y no tan moderna, presentadores
que hablasen en un nivel medio y noticias relacionadas con la
quema de contenedores delante del AJZ (después de un concierto
de los “Bucks”).
¿Quién
puede?
Pero
para llegar a la legalización aún quedaba mucho. Aunque, la
presión en la calle y el giro en las mentes de los políticos y
personajes ilustres del país, ofrecían esperanzas para que se
abriese el mercado mediático a los proveedores de contenidos
privados. O sea, aquí no se trataba de la radio, se trataba del
mercado, y un mercado sólo existe cuando varios proveedores
ofrecen sus productos en igualdad de condiciones. Y ese no era
el caso. Pero los políticos reaccionaron rápido y empezaron a
diseñar un nuevo mapa radiofónico. Se crearon nuevas oficinas
federales o se reestructuraron las viejas, se empezaron a
otorgar las primeras concesiones, la SRG, al ver la situación,
empezó a proponer nuevos modelos de programación para poder
competir, y a conceder concesiones para nuevos canales como
DRS-3 o Couleur-3.
Pero,
¡ojo! A los agentes privados no les gustaba nada que la SRG,
financiada con dinero público, participase en el reparto del
mercado radiofónico. “Igualdad de condiciones” es lo que
pedían las emisoras privadas. En parte, de manera justificada,
ya que la SRG partía con ventaja. Con el respaldo del dinero público,
la SRG podía operar sin restricciones, mientras que sus
adversarios privados se las veían negras para cubrir los
gastos. La solución política al conflicto fue la siguiente: se
abrió definitivamente el mercado, las emisoras privadas podían
recaudar dinero de la publicidad hasta un cierto límite, la SRG
se financiaría exclusivamente por los impuestos de los
ciudadanos y no por publicidad y parte del dinero público iría
a parar a las emisoras privadas de la periferia, es decir, las
denominadas estacionas radiofónicas con programación exclusiva
para grupos periféricos.
Entrada
en un a nueva era
El
1 de noviembre de 1983 llegó el gran momento. A medianoche
empezó el nuevo mundo de la radio en Suiza. Las primeras
emisoras privadas, entre ellas lógicamente la de nuestro pirata
radiofónico, Robin Hood, que cambió su emisora ilegal del
norte de Italia por un estudio en Zúrich, empezaron a emitir
sus primeras notas. La SRG lanzó esa misma noche también su
tercer canal.
Sin
embargo, la DRS-3, pese a tener una plantilla muy
profesionalizada, ser la emisora vanguardista en muchos aspectos
y recibir buenas críticas por parte del público, no acaba de
explotar. En la emisora pública siempre había roces entre los
académicos del rock, más que burocratizados, y los nuevos jóvenes
de los media, mucho más vitales. Por otra parte, la DRS-1, una
vez que se había cambiado el formato de la programación, seguía
sumergida en un vacío de identidad. Eran las nuevas emisoras
privadas las que se llevaban la palma en cuanto a los
porcentajes de audiencia, sobre todo en los núcleos con mayor
concentración de población.
Las
ilusiones y esperanzas de cualquier comienzo se hicieron notar.
Las emisoras privadas, en muchos casos con muy pocos recursos
económicos, taparon ese déficit con mucha originalidad,
creatividad y experimentación (algo que años más tarde se echó
en falta), y cautivaron a la audiencia. Al mismo tiempo las
emisoras locales tenían que demostrar su credibilidad, así
como ciertos estándares periodísticos, para atraer la
publicidad y el interés de los políticos, que al fin y al cabo
eran los que podían ofrecer mejores condiciones de emisión
para las cadenas.
Las
emisoras algo más grandes empezaron a ser más profesionales,
contrataron a periodistas contrastados y empezaron a enseñar
los dientes en el panorama político local y nacional. La
simbiosis con los políticos no tardó en llegar, las emisoras
privadas dependían de los políticos y éstos buscaban
establecer buenas relaciones con la prensa local. Las catástrofes
químicas y de incendios, así como los accidentes de tren y avión,
demostraron que la cobertura de DRS dejaba que desear, mientras
que las emisoras privadas, con medios muy sencillos, ofrecían
información con credibilidad y en el idioma de la calle.
La
fase de consolidación y las primeras fusiones
Con
la llegada del fin de los años 80, pioneros en la radio local,
las emisoras principales se empezaron a asentar, acaparando la
atención de los oyentes y la de los políticos. En la otra cara
de la moneda, en cambio, el mercado empezó a enseñar sus límites
y en el reparto del pastel aparecieron los primeros perdedores.
Radio DRS, con su variedad de programas, seguía manteniendo la
mitad de la audiencia rural, aunque en las ciudades los oyentes
se inclinaban por las radios privadas. Allí la competencia era
mucho más fuerte y a mediados de los 90 sólo las grandes
emisoras quedaron en pie. En aquel momento, la idea que prevalecía
era la de que sólo se podía hacer frente a la SRG con la
cooperación y las fusiones.
Los
primeros magnates de la radio local veían como el negocio
funcionaba y empezaron a cooperar para maximizar los ingresos de
la publicidad. Con la llegada además, de las televisiones
nacionales y locales la tarta publicitaria empezó a quedarse
pequeña, la competencia era cada vez más agresiva y las radios
se aferraron a estrategias de supervivencia. Con la llegada del
ordenador, las redacciones se reestructuraron y empezaron a
llegar los primeros despidos. Ya no hacía falta tanto personal.
Los formatos musicales a su vez se parecían cada vez más.
Incluso DRS-3 con el final de siglo y la presión del mercado,
que provocó una bajada en las cifras de audiencia, cedió a los
nuevos estilos musicales y se unió a la tendencia general. Hay
que decir que en los últimos tiempos la cadena pública parece
que quiere volver a recuperar su competencia musical, falta
saber ahora si puede lograrlo con los problemas internos y
estructurales que presenta.
Las
radios locales privadas pese a todo pudieron mantener sus
audiencias y su parte en el mercado. La falta de una diversidad
musical y el empobrecimiento de la oferta cultural se
justificaban por las presiones económicas. En este sentido la
radio seguía los pasos de la prensa europea, que por razones de
mercado había reducido las redacciones y perdido la noción de
presentar información seria, documentada, contrastada y en
profundidad.
Los
retos y la realidad
Las
emisoras privadas, sin embargo, han logrado su propósito
inicial, que no era otro que competir con la SRG desde el punto
de vista periodístico. Lo que pasa es que del compromiso periodístico
del principio, se pasó a cazar publicidad, ganar dinero,
asentarse y no preocuparse más por la calidad, la originalidad
y la credibilidad de la información. El mayor compromiso de los
grandes periódicos en las radios locales tampoco ha traído
mejoras sustanciales. De nada sirve que con el cambio de nombre
las emisoras pretendan presentar una nueva cara.
Además,
mientras el oyente siga fiel, no hace falta cambiar los
contenidos o la programación musical. Es perfectamente legítimo
que las emisoras privadas miren por sus intereses económicos.
Pero un medio de comunicación por definición no debe ser un
“ultramarinos” en el que se pueden comprar todo tipo de
conservas. ¿Dónde han quedado aquellos discursos tan
esperanzadores de fomentar la diversidad de opiniones, realizar
mejores programas y, en general, traer un aire fresco a la radio
que se proclamaban hace 20 años?
Objetivamente
parece que la gran empresa ha fracasado. El túnel se hace aún
más oscuro cuando se escucha que en las consultas de la Comisión
del Consejo Nacional para la nueva ley de radio y televisión se
baraja la idea de eliminar el tanto por ciento de dinero público
que reciben las emisoras locales no comerciales de las grandes
aglomeraciones. Cuando son precisamente esas emisoras las que
desde hace años representan, con sus contenidos y sus formatos
musicales innovadores, una alternativa al formato unidimensional
de las emisoras comerciales y públicas.
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