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El
seminario de Basilea del doctor Serol Teber
Los
efectos psicológicos de la emigración o también la denominada
enfermedad de Suiza
El
reportaje de esta semana se centra en el seminario del conocido
médico y psiquiatra, Serol Teber, que se desarrolló en Basilea y
que se tituló “Los efectos psicológicos de la emigración”.
snc
sevim
civil, özen aytac
español:
miguel otero
foto:
sevim civil
Serol
Teber: Para empezar me gustaría presentarme, porque seguro
que la mayoría de vosotros no me conoce. Soy Serol Teber, vengo
de Istambul y soy médico. Estudié medicina en la Universidad de
Istambul. Más tarde, en la misma universidad, en el departamento
de neuropsiquiatría hice mi tesis. Después me fui para Alemania
y desde entonces vivo allí. Trabajo cerca de Düsseldorf en una
clínica psiquiátrica. La clínica donde desenvuelvo mi trabajo
está abierta para toda la sociedad, es decir, no es sólo para
extranjeros.
Me
he reencontrado en el tema
Hemos
podido comprobar en estos veinte años de trabajo, sobre todo a
finales de los años setenta, como, por así decirlo, llegaba una
avalancha de turcos a nuestra clínica. Hombres y mujeres. La
mitad de los pacientes venían de nuestro país. Un día que le
hicimos una visita al memorable profesor Villigen, éste cogió un
martillo, lo lanzó al suelo y dijo: “Amigos, necesito vuestra
ayuda. ¿Qué pasa aquí? ¿Cómo puede suceder esto?” Quisimos
ayudarle, pero no logramos encontrar las causas que hacían que
todas esas personas estuviesen atadas a sus camas. ¿Cómo es
posible que una persona tenga dolor desde las punta de los pelos
hasta la punta de los pies? Se presentaba todo un dilema para los
médicos europeos. Y con respecto a este tema publiqué yo en los
años ochenta un libro titulado “La inmigración de los
trabajadores y sus falsas actuaciones”.
Mi
interés por este tema se creó de esta manera. Por un lado
quería darle respuestas a los médicos alemanes. Y por el otro,
ocurrieron interesantes cambios, o por lo menos, nosotros vimos
una gran importancia en esos cambios. Cuanto más tiempo se
alargaba la estancia en el extranjero (25-30 años), cambiaba el
comportamiento de los emigrantes. Eran unos cambios muy
acentuados. La cuestión está en que las consecuencias de la
primera fase de inmigración se notan sólo después de unos
años.
Quiero
dejarles algo claro. Yo no hablo aquí según las estadísticas.
Mis veinte años de experiencia en la clínica, nuestras
observaciones, los acontecimientos en nuestra región son los que
me hacen hablar sobre este tema.
Las
enfermedades suizas y de Basilea en la historia de la medicina
En
relación a la emigración, Basilea es una ciudad interesante.
Quiero destacar que mis investigaciones dejan claro que el primer
acercamiento serio, literario y médico lo efectuó el médico
basilense, Johannus Operius, en el año 1678. Pensad un momento,
en el año 1678 se publicó el libro “Nostalgia y morriña”.
Un ensayo médico sobre la emigración.
El
libro nos habla sobre dos importantes cuestiones:
La
primera: Un estudiante, que llegó de las montañas a Basilea
para estudiar, después de un tiempo sufrió miedo, nervios y
malestar. Más tarde oía voces y empezó a tener fantasías. Su
mente se nubló y poco a poco se perdió la esperanza. Los
ancianos de Basilea habían detectado el problema con anterioridad
y formularon una hipótesis: según ellos, había que devolver al
joven lo antes posible a su lugar de origen, si no se
desgraciaría. Se envío inmediatamente al estudiante a casa.
Después de un par de semanas había recuperado totalmente su
salud.
La
segunda:
Esta trata de una chica joven. También ella llegó de un
pueblo vecino a Basilea para trabajar. Aparecieron las mismas
quejas. Miedos, malestar, voces en los oídos, fantasías. La
chica devolvía, tenía diarrea. También a ella la mandaron otra
vez para casa y cesaron sus lamentos.
Desde
ese día a la “morriña” o también llamada en francés
“nostalgia” se le llama “la enfermedad suiza”. Aún hoy se
puede encontrar en la literatura la expresión “la enfermedad
suiza”.
Si
no tuviésemos tan poco tiempo, os podría seguir contando cosas
de este libro, ya sólo para haceros reír. Un pasaje dice “como
estaban acostumbrados al olor de los excrementos de los animales
de las montañas, no podían soportar el aire limpio de la
ciudad” o también “como están tan acostumbrados al sonido de
las campanas, enferman cuando están en sitios donde no hay
campanas, y no pueden escucharlas o enferman cuando van a un sitio
en el que vuelven a escuchar las campanadas”.
Esta
hipótesis empezó a correr de boca en boca hasta tal punto que,
cuando en los ejércitos de Francia y Austria empezaron a aparecer
los mismos síntomas, se prohibió que los animales que iban con
el ejército llevasen cencerros. Ya os podéis imaginar: las
personas que tienen esa inclinación, que sufren morriña, se
ponen enfermos cuando escuchan las campanadas...sobre esto hay
cientos de especulaciones.
El
síndrome de ser alejado de tus raíces
El
segundo investigador conocido sobre esta materia es el doctor
francés Larey. Larey es muy conocido en la literatura médica
mundial porque en un día amputó 250 piernas y brazos para salvar
a otras tantas personas. Y no sólo eso, Larey analizó en el
ejército francés la nostalgia, es decir, analizó la psique de
los soldados que estaban lejos de su patria. Aún llama hoy en
día la atención. ¿Cómo podía diagnosticar en aquel caos?
¿Cómo podía escribir sus informes?
En
la Primera Guerra Mundial se hicieron avances en la
investigación, se hicieron aproximaciones más serias. En la Gran
Guerra cayeron, mira la casualidad, tres tártaros, tres
musulmanes en las manos de los austriacos. Los llevaron al
hospital militar de Viena. Más tarde, en los albores de los años
veinte, un médico, Alain, los separó y los trasladó a
diferentes unidades del ejército austriaco. Ya no podían
comunicarse en su lengua y los tres cayeron en una gran
depresión, sufriendo además ataques de miedo.
Cinco
meses después de este caso sale a la luz el libro de medicina
“El síndrome de ser alejado de tus raíces” del psiquiatra
alemán Grepellin. Desde 1920 muchos investigadores aplican las
formulas de este libro a las personas, como nosotros, que
emigraron.
Hoy
en día se diagnostica la evolución de otra manera. Nos basamos
en que: hace 2.600 años Herodes, conocido como el padre de la
Historia, anotó en sus escritos esto: “Aquellos que se alejen
de sus ciudades serán perseguidos por el demonio”. Esta cita
nos dice que con aquellos que abandonan sus ciudades para ir a
otro lugar pasan cosas extrañas, sino no diría Herodes estas
cosas.
Ya
antes, en los libros religiosos, después de la historia de la
manzana de Adán y Eva, y su destierro del jardín del Edén, se
habla, sobre todo en el cristianismo, del deseo por la patria. Eso
lo demuestra también la Iglesia que, cuando se ve atacada por el
enemigo foráneo, dice: “Todos fuimos desterrados de nuestra
patria, todos buscamos una nueva patria, por esta razón no
existen extranjeros, todos somos de algún modo extranjeros”.
Existen
unas seis expresiones suizas para morriña. Hay diferentes
definiciones en Suiza, sobre todo en las ciudades que pertenecen a
Basilea. Más tarde se unieron todas estas expresiones y se creó
en alemán la palabra “Heimweh” (dolor de casa).
Después
de hablar de los libros religiosos que describen la búsqueda de
la patria, me gustaría hablar sobre el mayor deseo de la
literatura. Me gustaría recordar la leyenda de la Odisea de
Homero. Como ustedes saben, Ulises estuvo durante veinte años
sufriendo y deseando llegar a su patria. Los dioses le enseñaban
caminos, pero Ulises, en sus veinte años de aventuras, no lograba
llegar a casa y siempre escuchaba voces de su país natal.
Señoras
y señores, este fue el apartado histórico de mi trabajo
La
emigración es una cosa traumática
¿Cómo
trata la medicina moderna, sobre todo aquella que se dedica al
análisis psicológico, la cada vez más presente emigración
política? ¿Qué pasa en el alma del emigrante?
La
respuesta puede ser esta:
La
emigración siempre es traumática. Cuando una persona tiene que
abandonar su lugar de nacimiento, ese lugar, en el que ha crecido,
en el que ha vivido su niñez, ese lugar en el que ha tenido la
influencia de sus padres y su entorno, ese lugar, al fin y al
cabo, que ha determinado su cultura, va a sufrir un trauma
positivo o negativo.
¿Qué
es lo más importante en la ciencia del alma en cuanto al trauma?
La
palabra trauma tiene sus raíces en el griego. Es una palabra muy
usada en la medicina. Cuando hay un accidente, por ejemplo, y hay
un golpe en la cabeza se puede hablar de un traumatismo
craneoencefálico, que puede derivar en una fractura del hueso o
en una conmoción cerebral.
En
la psicología se define de otra forma. En la psiquiatría la
explicación es esta: cuando el ser no puede asimilar las
circunstancias exteriores en buen estado, cuando el entorno
traspasa sus defensas, comienza en la constitución psíquica, en
la personalidad, un trauma.
Cuando
por ejemplo se introducen en una sociedad, de la que no entienden
su lengua, aunque gramaticalmente conozcan la lengua, siempre
quedará algo de la vida cotidiana escondido. Siempre quedarán
preguntas sin contestar. Con el paso del tiempo estas cuestiones
llegan a ser traumáticas. Lo importante es que estos factores se
muestren en una personalidad psíquica normal. ¿Son estas
muestras psíquicas una enfermedad? No. Seguramente no es una
enfermedad, sólo es un aviso. Pero, ¿qué pasa en esta fase?
Cuando se está en una sociedad en la que no se llega a
comprender, se pierde en autoestima. Empieza a haber un malestar
interno. Hay apatía. La persona se vuelve más callada, fría, no
hay soltura...poco a poco se hace uno más distante y hasta se
pierden las ganas de vivir.
Aquí
me gustaría decir, que todos los psiquiatras, con sentido común,
hablan de estos temas después de preguntarse ellos mismos y
pensar sobre estas cuestiones. Yo soy un emigrante y he sufrido
estos síntomas en mi propia piel. No penséis que estoy aquí
sentado hablando de un tema que no conozco. El ejemplo lo tenemos
en Freud. Como sabéis, la moderna psiquiatría le debe mucho a la
profunda nostalgia de Freud. Lo que quiero decir es que de lo que
estoy hablando no podría hablar con este fervor, si no lo hubiese
sentido yo mismo de cuando en vez.
Los
muros entre la sociedad feudal y la moderna
Después
de explicar la situación traumática, podemos comprender, qué es
lo que pasa por la cabeza de un emigrante, en qué piensa, hemos
avanzado en la comprensión. En relación a todo esto, la
emigración es como un derribo. La persona que emigra (eso puede
ser en el interior, en el exterior, hacia el norte, hacia el sur,
eso no es importante) abandona la religión en la que se
encuentra. Con la emigración comienza la distancia con respecto
al lugar de nacimiento, el lugar de origen se abandona desde el
punto de vista temporal, histórico y cultural. Pero, ¿son tan
importantes esas cuestiones? Para las personas que se interesan
por estos temas sí.
No
tenemos que explicar cómo es abandonar un lugar, eso lo sabemos
todos. El abandono temporal, sin embargo, se aborda muy pocas
veces en nuestra cultura. Todos los lugares tienen una noción del
tiempo, un sentimiento temporal distinto. El transcurso del tiempo
de Ankara es diferente al de Istambul. El tiempo vivido, la vida
es diferente en los diversos lugares, hay incluso grandes
diferencias.
Naturalmente
que a ese transcurso del tiempo hay que darle un significado, pero
al darle significado al transcurso, ya establecemos diferencias. A
lo mejor puedo explicarlo mejor así: Por lo general en la
sociedades feudales –aquí incluso se podría poner nuestra
sociedad, la turca, nuestra cultura turco-musulmana como ejemplo-
una persona que venga de una cultura no se ve capacitado de
cambiar las tradiciones que existen desde hace años, desde hace
siglos. El caso es que se acepta lo que hay. Como dice el
proverbio “así ha sido y así será”. Se actúa como lo han
hecho los antepasados y se sabe de quién hay que esperar qué
cosa. La gente se casa a una determinada edad, nacen los niños y
después de un tiempo la gente se muere. Estas cosas se
convirtieron en costumbre. En el lenguaje sociológico o
psiquiátrico a esto se le llama el tiempo orgánico. El tiempo
orgánico es normalmente una época tranquila, bonita. Es una
forma de vida cómoda, ya que no obliga a hacer muchas cosas. La
sociedad no espera nada, sólo aquello que se conoce.
En
el feudalismo por lo general se lleva una vida tradicional. La
situación cambia, sin embargo, si se participa activamente en la
construcción de la sociedad. La sociedad empieza a cambiar su
tiempo. Cada individuo tiene que llevar a cabo sus propios cambios
para que se pueda hablar de “experiencias”. En la sociedad
moderna la vida transcurre de esta forma. Por eso mismo hay una
enorme diferencia entre nuestra forma de vida y la de la cultura
occidental.
En
los principios de la concepción del mundo existe una diferencia.
Aquí la sociedad espera que modifiquéis vuestra vida de manera
activa. Por otro lado, si queréis cambiar vuestra vida, recibís
enormes críticas: “por qué tienes que cambiar de vida, por
qué no vives como hasta ahora”.
No
es fácil pasar de una sociedad feudal a una moderna, se reciben
muchas quejas. La principal queja se basa siempre en que la nueva
sociedad tiene demasiadas expectativas. Nosotros en cambio no
tenemos grandes ambiciones, nosotros queremos hacer nuestro
trabajo y después volver a nuestra vida, a la vida tradicional,
con nuestra música, nuestro humor y nuestra comida. Cuando
empezamos a notar esas expectativas, empieza el estado
psicológico, como ya he dicho antes, a sufrir tensiones y
empiezan a acumularse las presiones.
No
es fácil volver a echar raíces
¿Hasta
que punto puede un hombre que ha sufrido un derribo espacial,
temporal, histórico y cultural, un hombre que está determinado
por el compás de la emigración, adaptarse a la nueva sociedad?
Mi respuesta, basada en el saber literario, no es muy
gratificante. Para una persona que haya vivido ese corte no es
fácil volver a echar raíces, las mismas palabras lo dicen “El
síndrome de volver a echar raíces”. Para una persona adulta es
hasta más complicado. Se establece algún contacto, se empieza
alguna relación, pero que realmente llegue hasta el final es
difícil. Con el final me refiero a que llegue a florecer la flor.
Y esto vale para cualquier pueblo y para cualquier persona.
La
psicología de la emigración y las enfermedades psicosomáticas
Aquí
se puede hacer la pregunta: ¿existe algo así como la psicología
de la emigración? No es posible establecer una enfermedad para
los emigrados, aunque la vida del emigrante da pie a potenciales
enfermedades. La persona tiene una psique más árida. Esta
característica se puede acentuar todavía más en la personas que
están en las cárceles o en los campos de trabajo. Hemos
recopilado en diferentes grupos las enfermedades propias de esa
psique hostil. En 1980, en nuestra clínica, el 70% de las
enfermedades que presentaban los pacientes provenientes de
Turquía eran psicosomáticas. Un 70% de ese 70% eran mujeres. Las
mujeres sufrían múltiples dolores y dolencias orgánicas.
Varios
ejemplos interesantes
Quería
nombrar aquí un ejemplo de ese tiempo que ha sido de gran
influencia para mí. En un tiempo de varias semanas una mujer se
hizo 244 exploraciones en el estómago. Los dolores de estómago
eran tan fuertes que los médicos pensaron que le había estallado
el estómago. Rápidamente se hicieron radiografías del estomago.
Con las 244 radiografías, la mujer ingresó en la clínica. La
tratamos con antidepresivos y fuimos capaces de recuperarla en
cierta manera.
En
comparación los síntomas de los hombres eran totalmente
distintos. Por aquel entonces los veinte casos que teníamos
presentaban todos una “reacción paranoica aguda”. La cosa era
interesante porque los hombres tratados habían llegado hacía muy
poco tiempo a Alemania. Ninguno llevaba más de cinco años en el
país. Habían llegado recientemente y la sociedad era nueva.
Sobre todo la lengua ponía muchas dificultades.
Los
hombres, que eran todos de pueblos pequeños, se habían echado
sobre sus espaldas todo el peso de la familia, habían dejado
todos los lazos atrás y habían venido a Alemania. No sabían
nada de este país. Un problema en el puesto de trabajo, en
tiempos tan duros, podía desencadenar rápidamente un cuadro
clínico de psicosis aguda. Las consecuencias: después de unos
días de ataques de histeria, pérdida del conocimiento, manía
persecutoria y alucinaciones. En estos casos es necesario un
tratamiento intenso durante varias semanas en la clínica.
Después de la intervención no tuvimos muertes, auque si no
hubiésemos actuado médicamente hubiésemos perdido a alguno de
ellos.
A
colación de este tema, quería también contar un ejemplo de un
hombre joven de treinta años procedente de la región egea.
Primero vino su mujer a Alemania. Como saben, para las mujeres era
más fácil traer aquí a sus maridos. Después llegó el marido,
un maleante. Uno de estos hombres que en el bolsillo de atrás
llevan siempre una navaja. Un tipo que siempre iba sacando pecho y
con la cabeza alta. Su mujer había llegado unos cuantos años
antes. Era una mujer con una gran presencia, inteligente y muy
guapa. Había estudiado alemán y su trabajo iba muy bien. La
mujer era la que destacaba, el hombre con sus múltiples trabajos
siempre iba a merced de ella. Al principio no encontró trabajo y
hacía las labores de la casa. La mujer, en cambio, era la que
trabajaba y la que traía el dinero a casa. Toda la tradición
turca se había desmoronado. Después de unos meses llegó un
momento en el que tuvieron una fuerte discusión. Un día, de
repente, todas los muebles estaban colocados detrás de la puerta.
El hombre empieza, invadido por sus fantasías, a decir: “Todo
el mundo está contra mí, va a venir la policía y me van a
llevar”. Amenazando con una pistola, encierra a su mujer y a su
hijo en el piso y se prepara para protegerlos del invasor. Todo
esto no queda en aguas de borraja y poco después entra la
policía con chalecos antibalas por la ventana. Estos incidentes
no son infrecuentes en Alemania. En una especie de maniobra de la
OTAN viene capturado y sedado hasta las cejas. Con esposas entró
en nuestra clínica.
En
psicología hay una tendencia general, una enfermedad psíquica
que llega con estrépito, y que desaparece también de una forma
muy rápida. Las posibilidades de llegar a la curación, de volver
a estar sano, son altas. Después de dos o tres semanas de
tratamiento se puede volver sano a casa.
Otra
situación psicótica que no puedo olvidar es esta: un paciente
joven, proveniente del Mar Negro, cuya vida laboral era muy buena,
vuelve a su pueblo. Claro que esta es la otra cara de la
emigración. Este joven, que se había acostumbrado en Alemania a
ciertas cosas bonitas, empieza a sentir ataques de miedo en el
pueblo. Tiene la sensación de que lo van a retener en el pueblo y
que no va a poder marchar nunca más. Dice: “En lo alto de la
montaña he notado como un pájaro negro se adentró en mí y me
quería clavar allí”. Poco después vuelve por el camino más
corto a Alemania, toma diferentes medicamentos, que le provocan
diarrea, y que le obligan a una evacuación del vientre para que
salga ese pájaro de él. Evidentemente ve como el pájaro no sale
y empieza a correr sin parar. Durante días, semanas, corre,
duerme con la cabeza hacia abajo, para que salga el pájaro. Se
convierte en un ser que sólo quiere devolver y correr. La
policía lo trajo a la clínica. Lo tratamos con los medicamentos
oportunos y después se reía de sí mismo.
Precaución
ante los peligros
Una
vez llegados a este punto, hay que recordar un peligro. Los
médicos se pueden equivocar algunas veces. Antes de hacer
cualquier radiografía, antes de hacer cualquier reconocimiento,
se diagnostica una enfermedad psicosomática (la enfermedad de la
emigración). Hemos visto ejemplos de este tipo, cuando después
se trataba de un tumor cerebral o cáncer de hígado. Seguro que a
veces se reconoce la enfermedad demasiado tarde.
Esto
es un peligro. Un error imperdonable. Una situación así la
vivimos con un chico joven. El chaval tenía dolor de cabeza,
dolor de cabeza y más dolor de cabeza. En principio, los
síntomas propios de echar de menos el pueblo. Una vez que
empezamos a analizar los dolores de cabeza, vimos también algo
orgánico. Hemos hecho un T.A.C (Tomografía Axial Computarizada)
y vimos un derrame interno grande, con un grosor similar a media
manzana, a punto de extenderse. Se intervino rápidamente y se
pudo salvar al joven. Hay muchos casos de este estilo. Por eso yo
siempre digo que es conveniente hacer siempre radiografías.
Ser
consciente de su propia personalidad
Me
gustaría dar ahora un paso adelante y explicar una expresión
médica, a pesar de que para las personas que desconozcan el tema
pueda llegar a ser algo aburrido. Pero esta explicación es
importante para el proseguir de mi discurso.
En
psiquiatría hay una definición que habla de la
“concienciación de la personalidad”. A través de ser
consciente de su personalidad, el ser sabe quién es, puede decir
yo soy yo. En este caso el destino es un elemento determinante y
muy importante. Todas las circunstancias que vivimos en nuestra
emigración o en el transcurso normal de nuestra vida, se van a
ver reflejadas en lo más hondo de nuestra conciencia personal.
Toda persona tiene un apartado que sólo ella conoce. El mundo
exterior es incapaz de saber lo que pasa en nuestra conciencia
personal. La conciencia personal es aquella parte en la que nos
hacemos a nosotros mismos preguntas. Esto sucede cuando estamos en
un sitio en el que no nos sentimos como en casa. Nos preguntamos
¿qué pasa conmigo? ¿quién soy?. Ese elemento interrogativo y
obstaculizador es nuestra conciencia personal. Cuando en nuestra
conciencia aparecen el malestar, algún disgusto y la fatiga,
tenemos seguro problemas orgánicos o vamos más allá y sufrimos
una situación psicótica, pero ¿cómo se llega a esta
situación?
Contracciones
musculares
Siempre
se comenta que parte de los calambres musculares son provocados
por el subconsciente. Esto está relacionado con la tristeza de la
conciencia personal o, mejor aún, con los miedos. Los músculos
de una persona que tiene miedo se contraen. Esta es una
percepción que circula cotidianamente. Wilhelm Reich ha hecho en
este sentido una apreciación: “Cualquier contracción muscular
tiene una historia psico-patológica”, dijo.
Los
continuos dolores de lumbares, espalda y cabeza que tiene nuestra
gente, se deben a miedos crónicos, cuya procedencia y razón de
ser aún no se han podido determinar. Nosotros no le solemos dar
tanta importancia a esos miedos. Pero, una persona que no se
siente en el nuevo sitio como en casa de los padres, es fácil que
después de un tiempo tenga contracciones musculares. ¿Cuál es
la solución que aporta la ciencia del alma con respecto a las
contracturas musculares?
Nuestra
propia conciencia personal crea por medio de las contracturas un
armazón protector. Esto quiere decir que, esa parte crea en
nosotros por instinto un armazón que nos protege de los ataques
que puedan llegar del exterior. Por lo general siempre se espera
de un enemigo desconocido, que nunca se ha visto, un ataque por la
retaguardia. Esto es así también en el mundo animal. Cuando un
gato o un perro aprecian a lo lejos la voz del enemigo, se puede
observar como contraen los músculos de la nuca. Los dolores que
tenemos nosotros, esos dolores de los músculos de la espalda,
tienen las mismas causas psicosomáticas. Es una especie de
reacción protectiva crónica que se adapta a las circunstancias
de la vida. Intento explicar el tema fácilmente. Si la conciencia
personal está sólo ocupada en crear ese armazón protector, en
ese caso hay que decir que una parte de la personalidad se pierde.
¿Qué
significa que se pierde?
En
la psiquiatría, con esa perdida se empieza a hablar de otra grave
enfermedad. La personalidad empieza entonces a considerar ese
mundo que la ha llevado a esta circunstancia, como un mundo de
fantasía. Esto vale para cualquier persona, pero los emigrantes
son más dados a presentar estos síntomas. Es ahora cuando
podemos ver como una persona que sufre de sentimientos de angustia
y grandes miedos, sale cantando a la calle a con una cadena en la
mano. Es aquí cuando empiezan los primeros pasos para una
pequeña depresión o una pequeña psicosis. |