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El prestigioso médico y psiquiatra Serol Teber vive desde hace tiempo en Alemania. Desde hace años investiga el tema de los efectos psicológicos de la emigración, campo en el que se ha especializado.

El seminario de Basilea del doctor Serol Teber

Los efectos psicológicos de la emigración o también la denominada enfermedad de Suiza

El reportaje de esta semana se centra en el seminario del conocido médico y psiquiatra, Serol Teber, que se desarrolló en Basilea y que se tituló “Los efectos psicológicos de la emigración”.

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sevim civil, özen aytac

español: miguel otero

foto: sevim civil

Serol Teber: Para empezar me gustaría presentarme, porque seguro que la mayoría de vosotros no me conoce. Soy Serol Teber, vengo de Istambul y soy médico. Estudié medicina en la Universidad de Istambul. Más tarde, en la misma universidad, en el departamento de neuropsiquiatría hice mi tesis. Después me fui para Alemania y desde entonces vivo allí. Trabajo cerca de Düsseldorf en una clínica psiquiátrica. La clínica donde desenvuelvo mi trabajo está abierta para toda la sociedad, es decir, no es sólo para extranjeros.

Me he reencontrado en el tema

Hemos podido comprobar en estos veinte años de trabajo, sobre todo a finales de los años setenta, como, por así decirlo, llegaba una avalancha de turcos a nuestra clínica. Hombres y mujeres. La mitad de los pacientes venían de nuestro país. Un día que le hicimos una visita al memorable profesor Villigen, éste cogió un martillo, lo lanzó al suelo y dijo: “Amigos, necesito vuestra ayuda. ¿Qué pasa aquí? ¿Cómo puede suceder esto?” Quisimos ayudarle, pero no logramos encontrar las causas que hacían que todas esas personas estuviesen atadas a sus camas. ¿Cómo es posible que una persona tenga dolor desde las punta de los pelos hasta la punta de los pies? Se presentaba todo un dilema para los médicos europeos. Y con respecto a este tema publiqué yo en los años ochenta un libro titulado “La inmigración de los trabajadores y sus falsas actuaciones”.

Mi interés por este tema se creó de esta manera. Por un lado quería darle respuestas a los médicos alemanes. Y por el otro, ocurrieron interesantes cambios, o por lo menos, nosotros vimos una gran importancia en esos cambios. Cuanto más tiempo se alargaba la estancia en el extranjero (25-30 años), cambiaba el comportamiento de los emigrantes. Eran unos cambios muy acentuados. La cuestión está en que las consecuencias de la primera fase de inmigración se notan sólo después de unos años.

Quiero dejarles algo claro. Yo no hablo aquí según las estadísticas. Mis veinte años de experiencia en la clínica, nuestras observaciones, los acontecimientos en nuestra región son los que me hacen hablar sobre este tema.

Las enfermedades suizas y de Basilea en la historia de la medicina

En relación a la emigración, Basilea es una ciudad interesante. Quiero destacar que mis investigaciones dejan claro que el primer acercamiento serio, literario y médico lo efectuó el médico basilense, Johannus Operius, en el año 1678. Pensad un momento, en el año 1678 se publicó el libro “Nostalgia y morriña”. Un ensayo médico sobre la emigración.

El libro nos habla sobre dos importantes cuestiones:

La primera: Un estudiante, que llegó de las montañas a Basilea para estudiar, después de un tiempo sufrió miedo, nervios y malestar. Más tarde oía voces y empezó a tener fantasías. Su mente se nubló y poco a poco se perdió la esperanza. Los ancianos de Basilea habían detectado el problema con anterioridad y formularon una hipótesis: según ellos, había que devolver al joven lo antes posible a su lugar de origen, si no se desgraciaría. Se envío inmediatamente al estudiante a casa. Después de un par de semanas había recuperado totalmente su salud.

La segunda:  Esta trata de una chica joven. También ella llegó de un pueblo vecino a Basilea para trabajar. Aparecieron las mismas quejas. Miedos, malestar, voces en los oídos, fantasías. La chica devolvía, tenía diarrea. También a ella la mandaron otra vez para casa y cesaron sus lamentos.

Desde ese día a la “morriña” o también llamada en francés “nostalgia” se le llama “la enfermedad suiza”. Aún hoy se puede encontrar en la literatura la expresión “la enfermedad suiza”.

Si no tuviésemos tan poco tiempo, os podría seguir contando cosas de este libro, ya sólo para haceros reír. Un pasaje dice “como estaban acostumbrados al olor de los excrementos de los animales de las montañas, no podían soportar el aire limpio de la ciudad” o también “como están tan acostumbrados al sonido de las campanas, enferman cuando están en sitios donde no hay campanas, y no pueden escucharlas o enferman cuando van a un sitio en el que vuelven a escuchar las campanadas”.

Esta hipótesis empezó a correr de boca en boca hasta tal punto que, cuando en los ejércitos de Francia y Austria empezaron a aparecer los mismos síntomas, se prohibió que los animales que iban con el ejército llevasen cencerros. Ya os podéis imaginar: las personas que tienen esa inclinación, que sufren morriña, se ponen enfermos cuando escuchan las campanadas...sobre esto hay cientos de especulaciones.

El síndrome de ser alejado de tus raíces

El segundo investigador conocido sobre esta materia es el doctor francés Larey. Larey es muy conocido en la literatura médica mundial porque en un día amputó 250 piernas y brazos para salvar a otras tantas personas. Y no sólo eso, Larey analizó en el ejército francés la nostalgia, es decir, analizó la psique de los soldados que estaban lejos de su patria. Aún llama hoy en día la atención. ¿Cómo podía diagnosticar en aquel caos? ¿Cómo podía escribir sus informes?

En la Primera Guerra Mundial se hicieron avances en la investigación, se hicieron aproximaciones más serias. En la Gran Guerra cayeron, mira la casualidad, tres tártaros, tres musulmanes en las manos de los austriacos. Los llevaron al hospital militar de Viena. Más tarde, en los albores de los años veinte, un médico, Alain, los separó y los trasladó a diferentes unidades del ejército austriaco. Ya no podían comunicarse en su lengua y los tres cayeron en una gran depresión, sufriendo además ataques de miedo.

Cinco meses después de este caso sale a la luz el libro de medicina “El síndrome de ser alejado de tus raíces” del psiquiatra alemán Grepellin. Desde 1920 muchos investigadores aplican las formulas de este libro a las personas, como nosotros, que emigraron.

Hoy en día se diagnostica la evolución de otra manera. Nos basamos en que: hace 2.600 años Herodes, conocido como el padre de la Historia, anotó en sus escritos esto: “Aquellos que se alejen de sus ciudades serán perseguidos por el demonio”. Esta cita nos dice que con aquellos que abandonan sus ciudades para ir a otro lugar pasan cosas extrañas, sino no diría Herodes estas cosas.

Ya antes, en los libros religiosos, después de la historia de la manzana de Adán y Eva, y su destierro del jardín del Edén, se habla, sobre todo en el cristianismo, del deseo por la patria. Eso lo demuestra también la Iglesia que, cuando se ve atacada por el enemigo foráneo, dice: “Todos fuimos desterrados de nuestra patria, todos buscamos una nueva patria, por esta razón no existen extranjeros, todos somos de algún modo extranjeros”.

Existen unas seis expresiones suizas para morriña. Hay diferentes definiciones en Suiza, sobre todo en las ciudades que pertenecen a Basilea. Más tarde se unieron todas estas expresiones y se creó en alemán la palabra “Heimweh” (dolor de casa).

Después de hablar de los libros religiosos que describen la búsqueda de la patria, me gustaría hablar sobre el mayor deseo de la literatura. Me gustaría recordar la leyenda de la Odisea de Homero. Como ustedes saben, Ulises estuvo durante veinte años sufriendo y deseando llegar a su patria. Los dioses le enseñaban caminos, pero Ulises, en sus veinte años de aventuras, no lograba llegar a casa y siempre escuchaba voces de su país natal.

Señoras y señores, este fue el apartado histórico de mi trabajo

La emigración es una cosa traumática

¿Cómo trata la medicina moderna, sobre todo aquella que se dedica al análisis psicológico, la cada vez más presente emigración política? ¿Qué pasa en el alma del emigrante?

La respuesta puede ser esta:

La emigración siempre es traumática. Cuando una persona tiene que abandonar su lugar de nacimiento, ese lugar, en el que ha crecido, en el que ha vivido su niñez, ese lugar en el que ha tenido la influencia de sus padres y su entorno, ese lugar, al fin y al cabo, que ha determinado su cultura, va a sufrir un trauma positivo o negativo.

¿Qué es lo más importante en la ciencia del alma en cuanto al trauma?

La palabra trauma tiene sus raíces en el griego. Es una palabra muy usada en la medicina. Cuando hay un accidente, por ejemplo, y hay un golpe en la cabeza se puede hablar de un traumatismo craneoencefálico, que puede derivar en una fractura del hueso o en una conmoción cerebral.

En la psicología se define de otra forma. En la psiquiatría la explicación es esta: cuando el ser no puede asimilar las circunstancias exteriores en buen estado, cuando el entorno traspasa sus defensas, comienza en la constitución psíquica, en la personalidad, un trauma.

Cuando por ejemplo se introducen en una sociedad, de la que no entienden su lengua, aunque gramaticalmente conozcan la lengua, siempre quedará algo de la vida cotidiana escondido. Siempre quedarán preguntas sin contestar. Con el paso del tiempo estas cuestiones llegan a ser traumáticas. Lo importante es que estos factores se muestren en una personalidad psíquica normal. ¿Son estas muestras psíquicas una enfermedad? No. Seguramente no es una enfermedad, sólo es un aviso. Pero, ¿qué pasa en esta fase? Cuando se está en una sociedad en la que no se llega a comprender, se pierde en autoestima. Empieza a haber un malestar interno. Hay apatía. La persona se vuelve más callada, fría, no hay soltura...poco a poco se hace uno más distante y hasta se pierden las ganas de vivir.

Aquí me gustaría decir, que todos los psiquiatras, con sentido común, hablan de estos temas después de preguntarse ellos mismos y pensar sobre estas cuestiones. Yo soy un emigrante y he sufrido estos síntomas en mi propia piel. No penséis que estoy aquí sentado hablando de un tema que no conozco. El ejemplo lo tenemos en Freud. Como sabéis, la moderna psiquiatría le debe mucho a la profunda nostalgia de Freud. Lo que quiero decir es que de lo que estoy hablando no podría hablar con este fervor, si no lo hubiese sentido yo mismo de cuando en vez.

Los muros entre la sociedad feudal y la moderna

Después de explicar la situación traumática, podemos comprender, qué es lo que pasa por la cabeza de un emigrante, en qué piensa, hemos avanzado en la comprensión. En relación a todo esto, la emigración es como un derribo. La persona que emigra (eso puede ser en el interior, en el exterior, hacia el norte, hacia el sur, eso no es importante) abandona la religión en la que se encuentra. Con la emigración comienza la distancia con respecto al lugar de nacimiento, el lugar de origen se abandona desde el punto de vista temporal, histórico y cultural. Pero, ¿son tan importantes esas cuestiones? Para las personas que se interesan por estos temas sí.

No tenemos que explicar cómo es abandonar un lugar, eso lo sabemos todos. El abandono temporal, sin embargo, se aborda muy pocas veces en nuestra cultura. Todos los lugares tienen una noción del tiempo, un sentimiento temporal distinto. El transcurso del tiempo de Ankara es diferente al de Istambul. El tiempo vivido, la vida es diferente en los diversos lugares, hay incluso grandes diferencias.

Naturalmente que a ese transcurso del tiempo hay que darle un significado, pero al darle significado al transcurso, ya establecemos diferencias. A lo mejor puedo explicarlo mejor así: Por lo general en la sociedades feudales –aquí incluso se podría poner nuestra sociedad, la turca, nuestra cultura turco-musulmana como ejemplo- una persona que venga de una cultura no se ve capacitado de cambiar las tradiciones que existen desde hace años, desde hace siglos. El caso es que se acepta lo que hay. Como dice el proverbio “así ha sido y así será”. Se actúa como lo han hecho los antepasados y se sabe de quién hay que esperar qué cosa. La gente se casa a una determinada edad, nacen los niños y después de un tiempo la gente se muere. Estas cosas se convirtieron en costumbre. En el lenguaje sociológico o psiquiátrico a esto se le llama el tiempo orgánico. El tiempo orgánico es normalmente una época tranquila, bonita. Es una forma de vida cómoda, ya que no obliga a hacer muchas cosas. La sociedad no espera nada, sólo aquello que se conoce.

En el feudalismo por lo general se lleva una vida tradicional. La situación cambia, sin embargo, si se participa activamente en la construcción de la sociedad. La sociedad empieza a cambiar su tiempo. Cada individuo tiene que llevar a cabo sus propios cambios para que se pueda hablar de “experiencias”. En la sociedad moderna la vida transcurre de esta forma. Por eso mismo hay una enorme diferencia entre nuestra forma de vida y la de la cultura occidental.

En los principios de la concepción del mundo existe una diferencia. Aquí la sociedad espera que modifiquéis vuestra vida de manera activa. Por otro lado, si queréis cambiar vuestra vida, recibís enormes críticas: “por qué tienes que cambiar de vida, por qué no vives como hasta ahora”.

No es fácil pasar de una sociedad feudal a una moderna, se reciben muchas quejas. La principal queja se basa siempre en que la nueva sociedad tiene demasiadas expectativas. Nosotros en cambio no tenemos grandes ambiciones, nosotros queremos hacer nuestro trabajo y después volver a nuestra vida, a la vida tradicional, con nuestra música, nuestro humor y nuestra comida. Cuando empezamos a notar esas expectativas, empieza el estado psicológico, como ya he dicho antes, a sufrir tensiones y empiezan a acumularse las presiones.

No es fácil volver a echar raíces

¿Hasta que punto puede un hombre que ha sufrido un derribo espacial, temporal, histórico y cultural, un hombre que está determinado por el compás de la emigración, adaptarse a la nueva sociedad? Mi respuesta, basada en el saber literario, no es muy gratificante. Para una persona que haya vivido ese corte no es fácil volver a echar raíces, las mismas palabras lo dicen “El síndrome de volver a echar raíces”. Para una persona adulta es hasta más complicado. Se establece algún contacto, se empieza alguna relación, pero que realmente llegue hasta el final es difícil. Con el final me refiero a que llegue a florecer la flor. Y esto vale para cualquier pueblo y para cualquier persona.

La psicología de la emigración y las enfermedades psicosomáticas

Aquí se puede hacer la pregunta: ¿existe algo así como la psicología de la emigración? No es posible establecer una enfermedad para los emigrados, aunque la vida del emigrante da pie a potenciales enfermedades. La persona tiene una psique más árida. Esta característica se puede acentuar todavía más en la personas que están en las cárceles o en los campos de trabajo. Hemos recopilado en diferentes grupos las enfermedades propias de esa psique hostil. En 1980, en nuestra clínica, el 70% de las enfermedades que presentaban los pacientes provenientes de Turquía eran psicosomáticas. Un 70% de ese 70% eran mujeres. Las mujeres sufrían múltiples dolores y dolencias orgánicas.

Varios ejemplos interesantes

Quería nombrar aquí un ejemplo de ese tiempo que ha sido de gran influencia para mí. En un tiempo de varias semanas una mujer se hizo 244 exploraciones en el estómago. Los dolores de estómago eran tan fuertes que los médicos pensaron que le había estallado el estómago. Rápidamente se hicieron radiografías del estomago. Con las 244 radiografías, la mujer ingresó en la clínica. La tratamos con antidepresivos y fuimos capaces de recuperarla en cierta manera.

En comparación los síntomas de los hombres eran totalmente distintos. Por aquel entonces los veinte casos que teníamos presentaban todos una “reacción paranoica aguda”. La cosa era interesante porque los hombres tratados habían llegado hacía muy poco tiempo a Alemania. Ninguno llevaba más de cinco años en el país. Habían llegado recientemente y la sociedad era nueva. Sobre todo la lengua ponía muchas dificultades.

Los hombres, que eran todos de pueblos pequeños, se habían echado sobre sus espaldas todo el peso de la familia, habían dejado todos los lazos atrás y habían venido a Alemania. No sabían nada de este país. Un problema en el puesto de trabajo, en tiempos tan duros, podía desencadenar rápidamente un cuadro clínico de psicosis aguda. Las consecuencias: después de unos días de ataques de histeria, pérdida del conocimiento, manía persecutoria y alucinaciones. En estos casos es necesario un tratamiento intenso durante varias semanas en la clínica. Después de la intervención no tuvimos muertes, auque si no hubiésemos actuado médicamente hubiésemos perdido a alguno de ellos.

A colación de este tema, quería también contar un ejemplo de un hombre joven de treinta años procedente de la región egea. Primero vino su mujer a Alemania. Como saben, para las mujeres era más fácil traer aquí a sus maridos. Después llegó el marido, un maleante. Uno de estos hombres que en el bolsillo de atrás llevan siempre una navaja. Un tipo que siempre iba sacando pecho y con la cabeza alta. Su mujer había llegado unos cuantos años antes. Era una mujer con una gran presencia, inteligente y muy guapa. Había estudiado alemán y su trabajo iba muy bien. La mujer era la que destacaba, el hombre con sus múltiples trabajos siempre iba a merced de ella. Al principio no encontró trabajo y hacía las labores de la casa. La mujer, en cambio, era la que trabajaba y la que traía el dinero a casa. Toda la tradición turca se había desmoronado. Después de unos meses llegó un momento en el que tuvieron una fuerte discusión. Un día, de repente, todas los muebles estaban colocados detrás de la puerta. El hombre empieza, invadido por sus fantasías, a decir: “Todo el mundo está contra mí, va a venir la policía y me van a llevar”. Amenazando con una pistola, encierra a su mujer y a su hijo en el piso y se prepara para protegerlos del invasor. Todo esto no queda en aguas de borraja y poco después entra la policía con chalecos antibalas por la ventana. Estos incidentes no son infrecuentes en Alemania. En una especie de maniobra de la OTAN viene capturado y sedado hasta las cejas. Con esposas entró en nuestra clínica.

En psicología hay una tendencia general, una enfermedad psíquica que llega con estrépito, y que desaparece también de una forma muy rápida. Las posibilidades de llegar a la curación, de volver a estar sano, son altas. Después de dos o tres semanas de tratamiento se puede volver sano a casa.

Otra situación psicótica que no puedo olvidar es esta: un paciente joven, proveniente del Mar Negro, cuya vida laboral era muy buena, vuelve a su pueblo. Claro que esta es la otra cara de la emigración. Este joven, que se había acostumbrado en Alemania a ciertas cosas bonitas, empieza a sentir ataques de miedo en el pueblo. Tiene la sensación de que lo van a retener en el pueblo y que no va a poder marchar nunca más. Dice: “En lo alto de la montaña he notado como un pájaro negro se adentró en mí y me quería clavar allí”. Poco después vuelve por el camino más corto a Alemania, toma diferentes medicamentos, que le provocan diarrea, y que le obligan a una evacuación del vientre para que salga ese pájaro de él. Evidentemente ve como el pájaro no sale y empieza a correr sin parar. Durante días, semanas, corre, duerme con la cabeza hacia abajo, para que salga el pájaro. Se convierte en un ser que sólo quiere devolver y correr. La policía lo trajo a la clínica. Lo tratamos con los medicamentos oportunos y después se reía de sí mismo.

Precaución ante los peligros

Una vez llegados a este punto, hay que recordar un peligro. Los médicos se pueden equivocar algunas veces. Antes de hacer cualquier radiografía, antes de hacer cualquier reconocimiento, se diagnostica una enfermedad psicosomática (la enfermedad de la emigración). Hemos visto ejemplos de este tipo, cuando después se trataba de un tumor cerebral o cáncer de hígado. Seguro que a veces se reconoce la enfermedad demasiado tarde.

Esto es un peligro. Un error imperdonable. Una situación así la vivimos con un chico joven. El chaval tenía dolor de cabeza, dolor de cabeza y más dolor de cabeza. En principio, los síntomas propios de echar de menos el pueblo. Una vez que empezamos a analizar los dolores de cabeza, vimos también algo orgánico. Hemos hecho un T.A.C (Tomografía Axial Computarizada) y vimos un derrame interno grande, con un grosor similar a media manzana, a punto de extenderse. Se intervino rápidamente y se pudo salvar al joven. Hay muchos casos de este estilo. Por eso yo siempre digo que es conveniente hacer siempre radiografías.

Ser consciente de su propia personalidad

Me gustaría dar ahora un paso adelante y explicar una expresión médica, a pesar de que para las personas que desconozcan el tema pueda llegar a ser algo aburrido. Pero esta explicación es importante para el proseguir de mi discurso.

En psiquiatría hay una definición que habla de la “concienciación de la personalidad”. A través de ser consciente de su personalidad, el ser sabe quién es, puede decir yo soy yo. En este caso el destino es un elemento determinante y muy importante. Todas las circunstancias que vivimos en nuestra emigración o en el transcurso normal de nuestra vida, se van a ver reflejadas en lo más hondo de nuestra conciencia personal. Toda persona tiene un apartado que sólo ella conoce. El mundo exterior es incapaz de saber lo que pasa en nuestra conciencia personal. La conciencia personal es aquella parte en la que nos hacemos a nosotros mismos preguntas. Esto sucede cuando estamos en un sitio en el que no nos sentimos como en casa. Nos preguntamos ¿qué pasa conmigo? ¿quién soy?. Ese elemento interrogativo y obstaculizador es nuestra conciencia personal. Cuando en nuestra conciencia aparecen el malestar, algún disgusto y la fatiga, tenemos seguro problemas orgánicos o vamos más allá y sufrimos una situación psicótica, pero ¿cómo se llega a esta situación?

Contracciones  musculares

Siempre se comenta que parte de los calambres musculares son provocados por el subconsciente. Esto está relacionado con la tristeza de la conciencia personal o, mejor aún, con los miedos. Los músculos de una persona que tiene miedo se contraen. Esta es una percepción que circula cotidianamente. Wilhelm Reich ha hecho en este sentido una apreciación: “Cualquier contracción muscular tiene una historia psico-patológica”, dijo.

Los continuos dolores de lumbares, espalda y cabeza que tiene nuestra gente, se deben a miedos crónicos, cuya procedencia y razón de ser aún no se han podido determinar. Nosotros no le solemos dar tanta importancia a esos miedos. Pero, una persona que no se siente en el nuevo sitio como en casa de los padres, es fácil que después de un tiempo tenga contracciones musculares. ¿Cuál es la solución que aporta la ciencia del alma con respecto a las contracturas musculares?

Nuestra propia conciencia personal crea por medio de las contracturas un armazón protector. Esto quiere decir que, esa parte crea en nosotros por instinto un armazón que nos protege de los ataques que puedan llegar del exterior. Por lo general siempre se espera de un enemigo desconocido, que nunca se ha visto, un ataque por la retaguardia. Esto es así también en el mundo animal. Cuando un gato o un perro aprecian a lo lejos la voz del enemigo, se puede observar como contraen los músculos de la nuca. Los dolores que tenemos nosotros, esos dolores de los músculos de la espalda, tienen las mismas causas psicosomáticas. Es una especie de reacción protectiva crónica que se adapta a las circunstancias de la vida. Intento explicar el tema fácilmente. Si la conciencia personal está sólo ocupada en crear ese armazón protector, en ese caso hay que decir que una parte de la personalidad se pierde.

¿Qué significa que se pierde?

En la psiquiatría, con esa perdida se empieza a hablar de otra grave enfermedad. La personalidad empieza entonces a considerar ese mundo que la ha llevado a esta circunstancia, como un mundo de fantasía. Esto vale para cualquier persona, pero los emigrantes son más dados a presentar estos síntomas. Es ahora cuando podemos ver como una persona que sufre de sentimientos de angustia y grandes miedos, sale cantando a la calle a con una cadena en la mano. Es aquí cuando empiezan los primeros pasos para una pequeña depresión o una pequeña psicosis.

Preguntas y respuestas 

Las repercusiones para los niños y la psicología pendular

¿Cómo vive la segunda generación la psicología de la emigración?

Ese miedo constante, ese sentimiento de no sentirse en casa dentro de estas cuatro paredes, puede provocar en los seres humanos cada vez más psicosis. Todo lo que he contado aquí se refería a la primera generación. ¿Cómo son las repercusiones en la segunda generación? Por lo general el ambiente tenso, el estado psíquico y lo que se habla en casa influyen de alguna manera en los niños. Casi siempre los más pequeños sufren nuestras experiencias negativas como si también ellos las hubiesen pasado. Es interesante como un niño, que no ha vivido la primera fase de la emigración, cuenta desde sus adentros esa experiencia como si él mismo la hubiese vivido. El niño relaciona las experiencias de sus padres con las suyas. Al principio lo hace porque se siente identificado, pero con el tiempo la cuenta como si el también hubiese estado. Esto se llama la psicología pendular. Así como el péndulo se mueve de un lado a otro, así el niño se mueve entre su vida y la de sus padres. Incluso puede llegar un momento en que desaparezca la frontera entre la vida de sus progenitores y la suya. En casas tan tensas, bajo estas circunstancias tan tensas, bajo este ambiente psicopático, los niños lo tienen mucho más difícil. Tienen dificultades para diferenciar. Es muy importante hablar en casa, pero no se debería hacerlo en exceso. Y esto sucede en nuestras casas. Yo, por ejemplo, no pude ir durante mucho tiempo a Turquía, y lo comentaba a todas horas. Hasta que mi hijo me tuvo que llamar la atención dos o tres veces. “Ya basta”, me dijo. Si esto es un fallo, lo cometemos todos. Yo lo he cometido muchas veces. No sé si el reproche de mi hijo ha sido bueno, pero desde aquel momento he intentado contenerme. Según se sabe, quedan influencias hasta en la tercera generación.

Amor y odio al mismo tiempo

Una persona de la segunda generación habla de él y de sus padres de igual forma, ¿es también así en la realidad?

A veces, de vez en cuando, todos estamos en una situación psicopatógena. Las relaciones se entremezclan. En la psicología, un campo apasionante, hay veces que el amor y el odio aparecen al mismo tiempo. De ahí que haya un respeto y cariño hacia los padres que han vivido esos tiempos tan difíciles. El respeto viene dado porque el niño se siente identificado con sus padres. Se dicen a ellos mismos: “quiero ser así, para que yo también infunda ese respeto”. Pero, por el otro lado, hay esa tendencia de apartarse, de marcharse. Esa relación amor-odio está muy presente en los niños.

Los mecanismos de defensa y sus resultados

¿Cómo es la relación entre la personalidad y el ser Yo?

En los emigrantes encontramos muchas veces lo más turbio de la conciencia personal. Esas turbulencias y tensiones provocan con el tiempo una gran diferencia entre la personalidad y el Yo. La personalidad es la parte del Yo que se relaciona con el mundo exterior. La personalidad de la persona cambia según las circunstancias en las que vive. Todos los emigrantes tienen una personalidad distinta a la de antes. ¿Qué tipo de cambio hay? Éste se compone según las circunstancias cotidianas de depresión, miedo o preocupación. Es un mecanismo normal el de quedarse un poco al margen y cerrarse en sí mismo. La persona se encierra en sí misma y empieza e edificar muros entorno a ella. Está harta del constante “aprende esto, aprende lo otro”.

Las mujeres tienen que soportar más presión

¿Es la situación de las mujeres peor que la de los hombres?

Por lo general se puede reconocer el grado de depresión de una mujer en el sistema digestivo. Casi siempre en una mujer, los dolores de estómago o intestino, indican una depresión. Una persona que no habla de su sufrimiento, que no puede reconocer que está deprimida, sólo puede demostrar su angustia a través de dolores orgánicos. En los países del tercer mundo y en los países del mediterráneo a esto se le llama depresión orgánica. En nuestra cultura la mujer, a diferencia del hombre, no tiene el derecho de estar deprimida. En los últimos tiempos vemos como nuestras mujeres tienen cada vez más dolores en el útero, en los órganos internos y en la barriga. Los ginecólogos no saben que hacer y cada vez piden más ayuda a los psiquiatras.