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Suiza, el país de los periódicos,

ya no es lo que era 

Suiza es el país de los periódicos. En ningún sitio hay tantos títulos de periódicos por habitante como en este país. Pero en los últimos veinte años ha bajado el número de diarios un veinticinco por ciento. Los periódicos están inmersos en una crisis económica.

snc

reportage: niklaus freundlieb

español: miguel otero

foto: mehmet gürz

Sobre todo desde el 11 de septiembre de 2001 es cuando más se ha notado esta inestabilidad coyuntural. El volumen de anuncios publicitarios se ha reducido, en este tiempo, en un veinte por ciento. Aún peor está la situación en las ganancias por los anuncios de ofertas de empleo. En las grandes cabeceras suizas se han reducido los ingresos, en este sentido, un 43 por ciento.

Los periódicos pequeños parece que no se han visto tan perjudicados por esta debacle. Así como en el año 2000, estos medios no aprovecharon como los grandes la explosión económica, ahora todo hace indicar que tampoco van a sufrir la recesión. La carencia en el mercado de anuncios publicitarios ha traído como consecuencia, en algunos periódicos, la reducción de gastos a través de despidos. Muchas editoriales, a su vez, han sufrido graves pérdidas por aventurarse a entrar en el negocio de la radio, televisión e Internet al mismo tiempo.

Mercado de lectores estable

Aunque el Tagesanzeiger o el Berner Zeitung hayan perdido lectores por el lanzamiento de periódicos gratuitos como el 20 Minuten o el Metropol (este último ya ha cerrado su redacción), en general se pudieron mantener más o menos estables las cifras de lectores en la mayoría de las cabeceras. Sin embargo, el 20 Minuten, por ejemplo, con 500.000 lectores, se encarama en la tercera posición de periódicos más leídos, detrás de los dos líderes del mercado, el Blick y el Tagesanzeiger. Todo parece indicar que el 20 Minuten, concebido como periódico ambulante que se distribuye o se coloca en las estaciones y en las paradas de tranvía, haya cosechado un nuevo grupo de lectores. Estos lectores son, por lo general, jóvenes y urbanos, y hasta ahora no habían leído casi periódicos. También han aumentado su difusión el Sonntagsblick y el Sonntagszeitung. Queda en el aire hasta qué punto puede estar saturado ya este mercado, sobre todo después de haber salido el tercer diario dominical de la Suiza alemana, el NZZ am Sonntag. Se observa también una clara subida en los periódicos semanales para abonados de la Coop y el Migros. Más de la mitad de los residentes en la Suiza alemana, con más de 14 años, leen estos periódicos. Incluso en la Suiza occidental, donde no hay periódicos ambulantes, ha crecido el número de lectores. Aquí destaca Le Matin, periódico que estrena diseño y formato. 

Nueva competencia

No sólo la delicada coyuntura preocupa a las editoriales de los periódicos. También la progresiva competencia de la radio, televisión y, en menor medida, Internet hace que las grandes editoriales cada vez obtengan un trozo más pequeño del pastel. Las suizas y los suizos sólo dedican media hora al día para leer el periódico, una revista o un libro, y en cambio, se pasan seis horas delante de la radio o el televisor. De este dato se puede desprender, que es la televisión el medio que ha desplazado al periódico como fuente de información mayoritaria.

De todas formas, el periódico mantiene sus ventajas: se puede llevar a todas partes, se puede leer o consultar un artículo tantas veces como se quiera, no se necesita corriente eléctrica (¡salvo para la lámpara o el flexo, claro!) y se puede profundizar más en los temas, que en la televisión o en la radio. Lo malo es que en los periódicos hay que saber leer, entender lo que está escrito, a diferencia de los otros dos medios, que sólo buscan que el receptor escuche o vea. La imagen y el sonido ofrecen una (a veces sólo aparente) realidad muy distinta a la que puede ofrecer el periódico. El aspecto temporal juega además un gran papel. La radio y la televisión son mucho más rápidas en la transmisión de información. Se ajustan más al tiempo real o, mejor dicho, al espíritu del tiempo. Una moda que, aparte de crear un medio de comunicación nuevo, como es Internet, cautiva a cada vez más personas. Aunque las previsiones para una red global se han puesto en entredicho en los últimos años, está claro que, desde el punto de vista formal, Internet ha influido mucho en los creadores de los periódicos convencionales.

Los caminos para salir de la crisis - un vistazo atrás

¿Cómo sale el mercado de periódicos suizo del pozo? Esta pregunta suena a paradoja, si se tiene en cuenta, que la primera publicación en la historia, que se pueda considerar un periódico, fue impresa en Suiza, concretamente en Goldach. La publicación, que era mensual, se titulaba Annus Christ, data de 1597 y el tipógrafo, que tenía una fábrica de papel, se llamaba Leonhard Straub. El editor y autor era el librero, Samuel Dilbaum, de Augsburg. En 1610 apareció en Basilea, que ya desde finales del siglo XV era una ciudad mundialmente conocida por sus imprentas, un periódico semanal. También en Zúrich nació en 1623 un periódico similar.

Ya en la ilustración, fueron las hojas de anuncios, las denominadas “hojas inteligentes”, las revistas, así como después con el desarrollo de correos, los “periódicos ordinarios”, hojas de noticias, que eran distribuidas por los administradores de correos, los que sustituyeron a los periódicos semanales. Aunque en las hojas de anuncios y noticias, medios de difusión de las autoridades, había mucha censura, en las revistas sí que se podían leer las primeras opiniones críticas. Ya en 1848, con la Constitución Suiza, se garantizó la libertad de prensa. Esta circunstancia provocó el surgimiento de una prensa política de opinión, que difundió las ideas liberales en pro de los derechos de los ciudadanos. Fue poco después, justamente la prensa, la que tuvo un papel destacado en la creación de los estados confederados, ya que muchos de los periódicos eran órganos de los partidos políticos.

Hasta los años sesenta del siglo pasado, los periódicos, no consiguieron emanciparse de los partidos políticos. Este hecho trajo consigo que muchos de los pequeños periódicos, ligados a algún partido, desaparecieran. Una vez que ya no se podía contar con la fidelidad de los lectores afiliados al partido, muchos de los periódicos tuvieron que apropiarse de un perfil propio y, por méritos periodísticos, ganarse a los lectores. Pero la tradición, en el negocio periodístico actual, ya no es una solución, como mucho es un argumento para vender. De ahí que en todas las esquinas del país se estén modificando las estructuras. Los periódicos de nivel medio buscan ya cooperaciones o se fusionan. El ejemplo más reciente de una cooperación lo encontramos en el Mittelland Zeitung, abrigo para el Aargauer Zeitung, Solothurner Zeitung, Oltener Tagblatt y Zofinger Tagblatt. Se da mucho también el “modelo Stuttgart”, en el que varios periódicos competidores de una región, se dejan publicitar por una misma editorial, para lograr sinergias.

Pero las grandes casas editoriales, que se apuntaron todas al carro del multimedia, no sólo compiten en al ámbito nacional. El compromiso con los medios electrónicos, muchas veces en cooperación con socios extranjeros, así como la diversificación en diferentes ámbitos publicitarios, llevan en muchos sitios a una pregunta: ¿en qué medida vale la pena mantener el trabajo periodístico de la principal cabecera, como buque insignia del grupo de comunicación? Los altos costes en tecnología, papel, personal o distribución no se pueden descargar sobre el consumidor. Las suscripciones y el montante de las ventas sólo cubren un tercio de los gastos. El resto viene de los anuncios y la publicidad. En momentos como este, en los que la economía sufre una depresión y el pastel publicitario tampoco se hace más grande, los periódicos, no sólo tienen que ingeniárselas para encontrar soluciones financieras innovadoras, sino que también tienen que hacer un periodismo atractivo y cautivador. Un periodismo que vaya acorde con los tiempos y con los gustos de los lectores.